La entidad que difunde el liberalismo económico combina cenas exclusivas en Puerto Madero, aportes millonarios bajo la lupa oficial y un fuerte peso político de Santiago y Francisco Caputo.
La Fundación Faro quedó en el centro de la escena política y judicial luego de que el presidente Javier Milei encabezara la gala de fin de año de la entidad en el Yacht Club de Puerto Madero, donde profirió duras críticas contra la prensa. Si bien el think tank libertario se presenta formalmente como un espacio dedicado a promover los valores históricos y el liberalismo económico, su funcionamiento interno y el origen de sus millonarios fondos están rodeados de opacidad.
En los papeles, la dirección académica recae sobre el escritor Agustín Laje y el abogado chileno Axel Kaiser, mientras que la administración real y la gestión de los aportes están bajo el control de Francisco Caputo, hermano del influyente asesor presidencial Santiago Caputo. La estructura operativa incluye oficinas en la calle Reconquista 40 vinculadas a la firma Move y la producción del programa de streaming libertario Ratio.
Creada el 11 de noviembre de 2024, la fundación se consolidó rápidamente como usina ideológica y de cuadros técnicos para el oficialismo. Por sus aulas, ubicadas en la sede de Rivadavia 409, han pasado figuras como Alberto Benegas Lynch (h) y el actual vocero presidencial Adrián Ravier, engranajes de un entramado que busca disputar el sentido común cultural y político.
El costado más sensible de la organización pasa por su financiamiento y las tensiones dentro de la coalición oficialista. En junio pasado, la Inspección General de Justicia (IGJ), bajo la órbita del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, exigió detalles sobre el origen de las donaciones millonarias que recibe la entidad para sostener sus actividades y sus exclusivas cenas de recaudación.
A futuro, la continuidad y el crecimiento de la fundación dependerán tanto de la capacidad de blindar sus finanzas frente a los controles estatales como de la evolución de las internas de poder en el Gobierno. Las tensiones recientes entre sectores tradicionales del liberalismo y el ala dura de los trolls digitales que responden a los Caputo anticipan cruces subterráneos por el control ideológico del espacio.
Mientras el oficialismo apuesta a consolidar a la Fundación Faro como su principal usina cultural de cara al futuro, las sombras sobre su arquitectura financiera y el rol de los hermanos Caputo continúan generando interrogantes en el corazón del poder político.













