El ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, se pronunció sobre el complejo escenario que atraviesan la actividad económica y el consumo masivo, sectores que han mostrado señales de retracción en los últimos meses. En un mensaje enfocado en la disciplina fiscal, el titular del Palacio de Hacienda atribuyó la «demora» en la reactivación económica a factores políticos y no a los fundamentos técnicos del programa actual. Ante la baja en la recaudación tributaria producto del enfriamiento de las ventas, el ministro ratificó que el Gobierno avanzará en un nuevo esquema de ajuste que incluye el recorte de gastos corrientes y programas de inversión.
La estrategia oficial, coordinada directamente con el presidente Javier Milei, instruye a todas las carteras ministeriales a reducir en un 2% sus gastos operativos y en un 20% los gastos de capital. Según analistas del sector financiero, esta medida busca compensar la merma en los ingresos fiscales y garantizar el cumplimiento de la meta de superávit. Caputo reconoció que la inflación de marzo superará la barrera del 3% debido a un «shock» en los precios de los hidrocarburos y la estacionalidad de servicios como la educación, pero aseguró que la economía comenzará a mostrar signos de mejoría a partir de este mes de abril.
Desde sectores de la oposición y diversos think tanks económicos, se cuestiona la narrativa de la «remonetización» de la economía que sostiene el Gobierno. Informes privados indican que la demanda de dinero ha caído, con una contracción real de la Base Monetaria del 8,8%. Expertos señalan que el consumo no logra traccionar debido a que los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo frente a la inflación acumulada, lo que desincentiva tanto el gasto de los hogares como la toma de crédito por parte de las empresas, que enfrentan además la competencia de productos importados.
En defensa de la gestión, Caputo ha insistido recientemente en que el país ha alcanzado un «récord de Producto Bruto», citando datos que ubican al PBI en valores históricamente altos a precios constantes de 2004. No obstante, consultoras económicas advierten que, si se analiza el PBI per cápita, la cifra se encuentra todavía más de un 5% por debajo del máximo registrado en 2011. Esta discrepancia estadística es un punto de fricción en el debate público, mientras el Ejecutivo prioriza la estabilización de los precios mayoristas como paso previo a la recuperación del mercado interno.
Las implicancias sociales de este nuevo recorte de gastos ya generan preocupación en organismos como el PAMI y en dependencias que gestionan planes de ayuda social. La orden de austeridad es total y no admite excepciones, bajo la premisa de que cualquier desvío fiscal podría disparar nuevamente las expectativas inflacionarias. El mercado sigue de cerca estos movimientos, ya que la capacidad de sostener el ajuste sin una reactivación del consumo masivo pone a prueba la paz social y la gobernabilidad parlamentaria necesaria para aprobar reformas de fondo.
Hacia adelante, el éxito del plan de Caputo dependerá de que la inflación efectivamente perfore el piso actual y permita una recuperación real de los ingresos. El ministro apuesta a que el ordenamiento de las cuentas públicas genere, eventualmente, una baja en el riesgo país y un flujo de inversiones que reactive la producción. Sin embargo, el desafío inmediato reside en evitar que la recesión se profundice, transformando lo que el Gobierno denomina un «ajuste necesario» en una parálisis prolongada de la actividad comercial e industrial del país.















