
Maricarmen Abascal vivía en su departamento desde 1956 y fue sacada por la fuerza ante cientos de vecinos que intentaron impedirlo.
Una mujer de 87 años con discapacidad fue desalojada de su departamento en Madrid en una operación que generó una ola de repudio popular y terminó en incidentes entre manifestantes y efectivos policiales. Maricarmen Abascal residía en esa vivienda desde 1956, es decir, durante siete décadas, lo que convirtió el caso en un símbolo de la crisis habitacional que atraviesa la capital española.
El desalojo no fue sorpresivo: se intentó en tres ocasiones previas antes de concretarse. La presión vecinal logró postergarlo en cada intento anterior, pero finalmente las autoridades judiciales llevaron adelante la medida. Cientos de personas se agruparon frente al edificio para obstaculizar el operativo, sin éxito.
España atraviesa una tensión creciente en torno al acceso a la vivienda. Las grandes ciudades, y Madrid en particular, registran aumentos sostenidos en alquileres y un mercado que expulsa a los sectores más vulnerables. Los casos de desalojo de adultos mayores o personas con discapacidad se convirtieron en los últimos años en detonantes de movilizaciones espontáneas.
El dato más significativo del caso es la combinación de factores: edad avanzada, discapacidad, siete décadas de residencia y tres intentos previos frustrados por la movilización vecinal. Esa acumulación de elementos convirtió a Maricarmen en un caso testigo que va más allá de una situación individual y pone en cuestión los límites del sistema judicial y las políticas de vivienda.
El episodio generó reacciones políticas en España, aunque sus derivaciones concretas —si habrá revisión judicial, si la mujer recibirá una solución habitacional alternativa o si el caso llegará al Parlamento— no están confirmadas al cierre de esta edición. Lo que sí es probable es que el caso siga siendo referenciado en el debate sobre la ley de vivienda.
La imagen de una mujer de 87 años siendo sacada de la casa donde vivió desde la posguerra española condensa de manera brutal las contradicciones de una ciudad que creció económicamente pero no encontró la forma de proteger a sus habitantes más vulnerables. Fue un desalojo legal; si fue justo es la pregunta que quedó flotando en las calles de Madrid.















