
Miles de jóvenes migrantes que intentaron ingresar al enclave español de Ceuta comenzaron a retornar a Marruecos después de deambular durante dos o tres días en condiciones caóticas. Agotados, sin alimentos y sin perspectivas reales de regularizar su situación, la marea humana que protagonizó uno de los ingresos más masivos de los últimos tiempos se disuelve ante la imposibilidad de avanzar.
La situación expuso una vez más las grietas del sistema de gestión migratoria europeo y la presión creciente sobre los enclaves españoles en el norte de África. Las autoridades de Ceuta debieron hacer frente a una llegada desbordante que superó la capacidad de contención, generando escenas de caos que recorrieron los medios internacionales durante días.
El regreso masivo no implica el fin del fenómeno: expertos en migraciones advierten que mientras persistan las condiciones de pobreza y conflicto en el África subsahariana, los intentos de cruzar seguirán repitiéndose. La presión sobre Ceuta y Melilla continuará siendo un nudo crítico en la agenda de la Unión Europea.















