
El presidente argentino rechazó que el modelo económico brasileño sea un ejemplo a seguir y recordó el colapso de 2001 como advertencia implícita.
Javier Milei salió a cuestionar públicamente la política fiscal de Brasil en la antesala de la Asamblea General de las Naciones Unidas, profundizando la distancia con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. El mandatario argentino respondió a quienes señalan al país vecino como un modelo de gestión económica y lanzó una comparación con la Argentina de 2001 para ilustrar, según su lectura, hacia dónde pueden llevar las políticas expansivas del gasto.
La referencia a 2001 no es casual ni inocente: fue el año del colapso económico argentino más grave del que se tenga registro reciente, con una crisis bancaria, default de deuda soberana y cinco presidentes en una semana. Usarla como espejo de Brasil es una jugada retórica agresiva que, en el plano diplomático, difícilmente pase sin respuesta desde Brasilia.
La relación entre Milei y Lula viene deteriorándose desde que el primero asumió en diciembre de 2023. El presidente argentino ha sido crítico del mandatario brasileño en múltiples oportunidades, vinculándolo a lo que Milei define como el eje del socialismo latinoamericano. Brasil, a su vez, es el principal socio comercial de Argentina dentro del Mercosur, lo que convierte cada fricción pública en un factor de riesgo para el intercambio bilateral.
El dato que amplía la lectura es el timing: las declaraciones se producen justo antes de que ambos mandatarios coincidan en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Ese escenario hace que la crítica no sea solo una declaración mediática sino una señal de posicionamiento político internacional en uno de los foros multilaterales más visibles del año.
No está confirmado si habrá algún encuentro bilateral entre Milei y Lula en la ONU ni si Argentina buscará evitarlo. Lo que sí es un hecho es que la escalada verbal entre los dos gobiernos lleva más de dos años y no muestra señales de distensión. Cualquier cruce en Nueva York, protocolar o no, será leído con lupa por los cancilleres y por los mercados que siguen la estabilidad del Mercosur.
Milei consolida con esta movida su perfil de outsider del multilateralismo, dispuesto a confrontar con los líderes regionales de mayor peso incluso en los foros donde la diplomacia suele imponer formas. Si esa estrategia le reporta réditos internos o le genera costos en la relación con el principal socio comercial del país es una pregunta abierta, pero el rumbo elegido es claro: sin concesiones retóricas.















