
El fenómeno, que los analistas llaman desgaste de la narrativa presidencial en entornos digitales, empieza a reflejarse en cómo se procesa el discurso económico del gobierno.
El presidente Javier Milei, que construyó buena parte de su ascenso político sobre la base de una presencia digital agresiva y efectiva, empieza a registrar lo que analistas especializados en comportamiento en redes describen como fatiga digital: una caída en el impacto positivo de sus publicaciones y un aumento en el tratamiento negativo de los temas económicos en el ecosistema de redes sociales.
El fenómeno no implica necesariamente una caída en los índices de aprobación tradicionales, pero sí una transformación en cómo el discurso presidencial es recibido y amplificado —o no— por los usuarios. Cuando un mensaje político deja de ser compartido con entusiasmo y empieza a circular principalmente en contextos de crítica o ironía, el efecto multiplicador que lo llevó al poder empieza a trabajar en sentido contrario.
El gobierno de Milei apostó desde el primer día a la comunicación directa vía redes, especialmente X —ex Twitter—, para instalar agenda, responder críticas y movilizar a su base. Esa estrategia funcionó con notable eficacia durante los primeros meses de gestión, cuando el capital político era alto y la novedad del estilo sostenía la atención. Dos años después, el contexto cambió.
Lo que cambia la lectura es que la negatividad se concentra específicamente en los temas económicos. No es un rechazo difuso al estilo o a la persona, sino una señal de que la narrativa del éxito económico —que el gobierno sostiene con datos de inflación a la baja y superávit fiscal— no está siendo procesada de la misma manera por los usuarios que antes la amplificaban. Esa disociación entre el relato oficial y la percepción en redes es políticamente costosa.
Lo que puede pasar ahora depende de cómo el equipo de comunicación del gobierno decida reaccionar. Una posibilidad —sin confirmar— es un viraje hacia mensajes más centrados en resultados concretos y menos en el estilo confrontativo que caracterizó la primera etapa. Otra es que el gobierno interprete el fenómeno como ruido y mantenga la estrategia actual. Cualquier ajuste, si lo hay, probablemente se note primero en la cuenta de Milei en X.
La fatiga digital de un líder que hizo de las redes su principal trinchera es una señal que merece atención, aunque no equivale a una crisis. Lo que sí está claro es que el modelo de comunicación que funcionó para llegar al poder requiere actualizaciones para sostener el ciclo de gobierno: los algoritmos y los usuarios no perdonan la repetición indefinida de la misma fórmula.















