
Sus directores, ambos israelíes, recibieron amenazas mientras en Israel se pide a los servicios de inteligencia que revelen la identidad de las fuentes del film.
El documental ‘NAZA’, dirigido por dos cineastas israelíes, se convirtió en uno de los títulos más explosivos del circuito internacional. La película, centrada en lo que ocurre en Gaza, cosechó una ovación de 25 minutos en su estreno, un reconocimiento extraordinario en el mundo del cine de festival que contrasta violentamente con la recepción que tuvo en su país de origen. Lejos del aplauso, en Israel la película desató una tormenta. Los directores reciben amenazas de muerte y, según la fuente, sectores del establishment israelí presionaron para que los servicios de inteligencia identifiquen a las fuentes que aparecen en el documental. Eso convierte a ‘NAZA’ en algo más que una película: es un objeto político con consecuencias reales para quienes participaron de ella. El cine documental sobre el conflicto israelí-palestino tiene una larga historia de controversias, censuras y presiones. Sin embargo, el dato de que los propios directores sean israelíes le agrega una dimensión específica: no se trata de una mirada externa que Israel puede descalificar como parcialidad foránea, sino de una voz interna que eligió contar lo que sucede en Gaza desde adentro del sistema que gestiona ese conflicto. El pedido de identificar las fuentes del documental a través de los servicios de inteligencia es el elemento más inquietante del caso. Si esa presión avanza, podría derivar en consecuencias legales o de seguridad para personas que hablaron frente a cámara bajo promesas de protección, lo que además envía una señal intimidatoria a cualquier periodista o cineasta que quiera abordar el tema en el futuro. No hay información disponible sobre si ‘NAZA’ tiene fecha de estreno en Argentina o en plataformas accesibles para el público latinoamericano. Dado el nivel de atención internacional que generó, es probable que distribuidoras independientes o plataformas de streaming de autor estén evaluando su incorporación al catálogo, aunque ese escenario es por ahora una posibilidad y no un hecho confirmado. ‘NAZA’ ya no es solo un documental: es un caso que ilustra los límites de la libertad de expresión incluso dentro de las democracias occidentales cuando el tema toca fibras de identidad nacional, seguridad y narrativa oficial. Los 25 minutos de ovación son el inicio de una disputa que recién empieza.













