En un esfuerzo coordinado por contener la crisis institucional que rodea al jefe de Gabinete, el Gobierno nacional ha desplegado un intenso operativo de respaldo político destinado a blindar la figura de Manuel Adorni. A través de una agenda cargada de actividades públicas y el acompañamiento constante de figuras clave como Karina Milei y Luis Caputo, la Casa Rosada intenta desplazar el eje de la discusión pública desde los cuestionamientos patrimoniales del funcionario hacia los logros de gestión y los nuevos proyectos legislativos, como el denominado «Súper RIGI».
La jornada de este viernes fue una muestra clara de esta estrategia. Adorni encabezó la reunión de Gabinete en la Casa Rosada y posteriormente participó en un acto industrial en Zárate, donde se mostró secundado por la secretaria general de la Presidencia. El plan continuó con una conferencia de prensa conjunta con los ministros de Economía y Seguridad, diseñada para anunciar operativos antidrogas y beneficios para grandes inversiones. Sin embargo, el blindaje mostró fisuras cuando los periodistas acreditados insistieron en preguntar sobre la situación judicial del jefe de Gabinete, a pesar del intento oficial de prohibir consultas fuera del temario previsto.
El ministro de Economía, Luis Caputo, intervino directamente para asegurar que el «ruido político» no afecta la llegada de inversiones ni el rumbo macroeconómico. No obstante, la presencia de Caputo también sirvió para evidenciar ciertas improvisaciones en la agenda, al reconocer que aspectos centrales del «Súper RIGI» —como el monto mínimo de inversión— aún no han sido definidos. Esta urgencia por mostrar gestión parece responder a una necesidad de oxigenar un gabinete que se siente asediado por las críticas de la oposición y de sectores internos del propio oficialismo.
Dentro de las tensiones internas, destaca la postura de Patricia Bullrich. Aunque Adorni calificó a la senadora como «una fenómena» en una reciente entrevista televisiva para bajar los ánimos, los movimientos de Bullrich generan suspicacia en el círculo íntimo del presidente. Sus reclamos públicos de transparencia y su reciente recorrida política por la Ciudad de Buenos Aires son interpretados por algunos sectores como un posicionamiento estratégico ante una eventual caída del jefe de Gabinete, quien hasta hace poco era el candidato predilecto de los Milei para la jefatura de gobierno porteña.
A la situación de Adorni se suma un nuevo frente de conflicto con la imputación de Demián Reidel por presuntas irregularidades en el uso de tarjetas corporativas. Estos focos de conflicto judicial complican la narrativa oficialista de austeridad y transparencia, obligando al Gobierno a gastar capital político en defensas individuales en lugar de avanzar en su agenda de reformas. La estrategia de «fuga hacia adelante», mediante la saturación de anuncios, busca ganar tiempo mientras se espera que la Justicia defina la situación de los funcionarios cuestionados.
El impacto futuro de este operativo de respaldo dependerá de la capacidad del Gobierno para mantener la cohesión de su núcleo duro y evitar que el desgaste de Adorni arrastre a otras áreas de la gestión. Por ahora, el jefe de Gabinete cuenta con el apoyo total de los hermanos Milei, pero la presión parlamentaria y el avance de las causas judiciales imponen un límite a la efectividad de las maniobras de distracción. La Casa Rosada apuesta a que el éxito de las medidas económicas termine por sepultar las controversias políticas, en una carrera contra el tiempo y el escrutinio público.















