
La imagen de la Virgen llegará a la Basílica tras una caminata de casi 60 kilómetros que comenzó en el Santuario de San Cayetano, en Liniers.
La peregrinación anual a Luján volvió a convocar a miles de fieles este sábado. La marcha partió desde el Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, y los participantes recorren cerca de 60 kilómetros a pie hasta la Basílica de Luján, en la provincia de Buenos Aires, donde se venera la imagen de la Virgen patrona de Argentina.
El evento es uno de los más masivos del calendario religioso argentino. Los caminantes avanzan durante toda la noche y parte del día siguiente, en una travesía que combina devoción, comunidad y resistencia física. La imagen de la Virgen es trasladada en procesión y su llegada a la Basílica marca el momento culminante de la jornada.
La peregrinación a Luján tiene décadas de historia ininterrumpida y reúne cada año a personas de distintas edades, condiciones sociales y procedencias geográficas. Es un fenómeno que excede lo estrictamente religioso: para muchos participantes, la caminata es también un momento de reflexión personal, de encuentro con otros y de expresión pública de una identidad cultural profundamente arraigada en la sociedad argentina.
Lo más significativo del evento es su escala y su persistencia. En un contexto de crisis económica que afecta la vida cotidiana de gran parte de la población, la convocatoria masiva a una peregrinación de casi 60 kilómetros muestra que ciertas prácticas colectivas mantienen su fuerza de convocatoria independientemente del clima social.
No hay decisiones institucionales pendientes en torno al evento, pero la organización logística de una marcha de esta magnitud implica coordinación entre el Arzobispado, municipios del recorrido y fuerzas de seguridad. La llegada de la imagen a la Basílica es el momento que concentrará mayor cantidad de fieles y cobertura mediática.
La peregrinación a Luján sigue siendo, año tras año, uno de los actos de fe colectiva más grandes del país. La imagen de la Virgen recorre el mismo camino de siempre, acompañada por una multitud que, más allá de las diferencias, comparte el mismo destino físico y simbólico.















