
El tomate registró un incremento del 22,5% en su precio al público durante junio pasado, según datos relevados en el mercado local. El alza se explica por una combinación de factores productivos que redujeron la oferta disponible, entre ellos dificultades para que el fruto alcanzara su punto de madurez óptimo en tiempo y forma.
Ante la caída en la producción nacional, el Gobierno recurrió a la importación como válvula de escape, aunque el volumen incorporado no resultó suficiente para estabilizar los valores. La brecha entre oferta y demanda terminó trasladándose directamente a las góndolas, golpeando el bolsillo de los consumidores.
El caso del tomate se inscribe en una dinámica más amplia de volatilidad en los precios de frutas y verduras, históricamente sensibles a las condiciones climáticas y logísticas. La situación pone presión sobre el índice de inflación en alimentos y reaviva el debate sobre la capacidad del abastecimiento local para sostener precios estables.















