Con vínculos directos en la FIFA y la Conmebol, el ingeniero industrial de 43 años empapeló la Ciudad con carteles proselitistas de cara a los comicios de 2027 y busca romper la polarización entre el oficialismo y el macrismo.
La política institucional de Boca Juniors comienza a agitarse de cara a los comicios previstos para 2027, con la aparición sorpresiva en la vía pública de cartelería vinculada a un nuevo contrincante para Juan Román Riquelme. Con el eslogan "vivir a lo Boca y vivir para Boca", el empresario salteño Carlos Abriata irrumpió en los alrededores de la Bombonera y en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires para posicionarse como una alternativa con aspiraciones de presidir el club.
Abriata, de 43 años y oriundo de Tartagal, se graduó como ingeniero industrial en Estados Unidos y construyó un perfil empresarial de alto vuelo que lo llevó a integrar las mesas chicas de la FIFA y la Conmebol. Su compañía provee el soporte tecnológico para la venta de entradas de nueve de los quince eventos deportivos más importantes del planeta, un rol corporativo que decidió pausar al dejar Miami para instalarse de manera definitiva en Buenos Aires y encarar la campaña política en el mundo xeneize.
El lanzamiento se produce en un momento político particular para la gestión de Riquelme, cuyo futuro inmediato y capital político dependen en gran parte de la levantada futbolística del plantel profesional tras el triunfo en el Superclásico. Mientras el oficialismo busca consolidarse y la oposición tradicional referenciada en el macrismo evalúa sus propios movimientos, el escenario político interno comienza a fragmentarse ante la llegada de figuras que intentan despegarse de las estructuras partidarias tradicionales.
El dato más llamativo del armado de Abriata radica en su severo rechazo a las Sociedades Anónimas Deportivas, a pesar de su dilatada trayectoria en el negocio global del entretenimiento y el deporte: "Yo pienso un club a 50 años y me corto un brazo antes de que Boca se convierta en una SAD", enfatizó. Asimismo, el precandidato no dudó en cuestionar el balance deportivo de la actual conducción al señalar que "ningún presidente tuvo el voto masivo, la plata y la cancha llena y no consiguió resultados", además de advertir sobre una supuesta pérdida de identidad institucional por priorizar torneos de menor jerarquía.
Los próximos pasos del espacio opositor emergente contemplan tejer alianzas y sumar dirigentes históricos y socios con trayectoria corporativa, bajo la premisa de impulsar un recambio generacional que logre unificar a las facciones enfrentadas entre riquelmistas y macristas. Respecto a la problemática de la capacidad del estadio, el empresario desestimó el impacto de una posible ampliación menor al sostener que agregar cinco mil asientos no resuelve la crisis de infraestructura frente a una masa societaria que ya alcanza los 300 mil inscriptos.
Con la mira puesta en las elecciones de 2027 y la necesidad imperiosa de devolver al club a los planos internacionales más altos, el desembarco formal de este dirigente outsider reconfigura el mapa político de la institución y pone bajo la lupa la gestión del actual mandamás xeneize.













