
Estambul se ha consolidado como un inesperado bastión del tango a nivel mundial. La ciudad turca cuenta hoy con numerosas escuelas, clubes nocturnos dedicados a la danza y una comunidad de bailarines que ya es reconocida incluso por los maestros argentinos, quienes viajan hasta allí para dar clases y compartir su saber.
Según un informe de Clarín, el fenómeno no es reciente pero viene ganando intensidad: el llamado abrazo turco, una variante local del abrazo tanguero, ya tiene identidad propia dentro del circuito internacional. La pasión de los estambulitas por el género rioplatense desafía toda lógica geográfica y cultural.
El caso de Estambul ilustra cómo el tango, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, sigue expandiendo sus fronteras décadas después de su nacimiento en los conventillos porteños. Argentina y Turquía comparten así un lazo cultural inesperado que crece milonga a milonga.















