
Doug Ford apareció con una camiseta de fútbol y un letrero monumental para defender el nombre histórico del lago frente al decreto presidencial estadounidense.
El premier de la provincia canadiense de Ontario, Doug Ford, salió a responder de manera contundente y algo irónica al decreto firmado por Donald Trump que rebautizó al lago Ontario como ‘lago Estados Unidos’. Ford se presentó públicamente con una remera de fútbol y sostuvo un enorme cartel con el nombre original del lago, en una imagen que recorrió el mundo y se convirtió en símbolo de la resistencia canadiense a las provocaciones del mandatario republicano.
La acción de Ford no fue un gesto espontáneo: el premier de Ontario es uno de los líderes provinciales más activos en la defensa de los intereses canadienses frente a la presión del gobierno de Trump, que desde su segundo mandato ha lanzado una serie de decretos y declaraciones que afectan directamente a Canadá. El lago Ontario, uno de los Grandes Lagos que comparte frontera entre ambos países, tiene ese nombre desde el siglo XVII y es reconocido internacionalmente.
El contexto es el de una relación bilateral que se deterioró notablemente desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. El mandatario republicano impuso aranceles a productos canadienses, cuestionó la soberanía del país vecino en múltiples oportunidades y llegó a referirse a Canadá como si fuera un Estado más de la Unión. La renominación del lago fue leída en Ottawa y en las provincias como una afrenta deliberada.
El dato que cambia la lectura es que Trump no solo emitió una declaración verbal: firmó un decreto ejecutivo oficial para cambiar el nombre del lago en los registros federales estadounidenses. Eso implica que, aunque Canadá y el resto del mundo sigan llamándolo Ontario, los documentos del gobierno de Estados Unidos lo consignarán con el nuevo nombre, al menos mientras Trump esté en el poder.
La respuesta de Ford podría escalar a una disputa diplomática más formal. El gobierno canadiense del primer ministro tiene en sus manos decidir si eleva el reclamo ante organismos internacionales o lo deja en el plano simbólico. Por ahora, lo que está confirmado es que Ottawa no reconoce el cambio de nombre y que varios gobiernos provinciales canadienses ya expresaron su rechazo público.
La imagen de Ford con el cartel sintetizó en segundos lo que los comunicados diplomáticos tardan páginas en decir: Canadá no está dispuesto a ceder terreno identitario, ni siquiera en los mapas. El lago Ontario lleva ese nombre desde antes de que existieran los Estados Unidos como nación, y eso, para el premier, parece ser argumento suficiente.















