El sondeo de D'Alessio IROL – Berensztein reveló que únicamente Guillermo Francos consiguió balance favorable entre 11 oficialistas y 8 opositores. Fuerte rechazo a la gestión económica y Martín Lousteau al fondo de la tabla.
Un nuevo mapa de opinión pública expuso una marcada erosión política para la dirigencia argentina: sobre 19 figuras de primera línea evaluadas, solo una logró un diferencial positivo, y se trata de un exfuncionario que ya no ocupa cargos ejecutivos. El relevamiento nacional de las consultoras D'Alessio IROL y Berensztein ubicó al presidente Javier Milei en un relegado octavo lugar, atrapado en un 35% de imagen positiva frente a un rechazo del 62%. El dato confirma que el desgaste del ajuste comienza a horadar la figura presidencial, en medio de un clima social atravesado por el impacto directo de las tarifas y la caída del poder adquisitivo.
El estudio, confeccionado entre el 6 y el 7 de octubre sobre una muestra de 800 casos en todo el país, analizó a 11 referentes del oficialismo y a 8 de la oposición. La tabla general coronó al exministro libertario Guillermo Francos como el único aprobado, con un ajustado 46% de respaldo frente a un 45% de imagen negativa. Detrás de él se escalonaron la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich (+45% y -51%), y la referente de la izquierda Myriam Bregman (+39% y -57%). Más abajo se registró una seguidilla de empates técnicos: Jorge Macri midió 38%, mientras que Diego Santilli, Mauricio Macri y el gobernador bonaerense Axel Kicillof igualaron con un idéntico 37% de adhesión.
El retroceso en los indicadores de la clase política se apoya en un malestar económico generalizado que no muestra señales de alivio. Según el informe, el 66% de los encuestados considera que la situación económica general está peor que hace un año, en tanto que un 70% percibe un retroceso directo en sus finanzas personales, tres puntos porcentuales más que en la medición del mes anterior. Con este trasfondo, la desaprobación a la administración de Milei ascendió al 60% —dos puntos por encima del registro previo— frente a un 39% de apoyo. En el orden de prioridades, el costo de los servicios públicos se consolidó como la principal preocupación social (65%), escoltado por la incertidumbre económica (59%) y los gastos vinculados a la salud (57%).
La paradoja que desnuda el trabajo de Berensztein y D'Alessio radica en la suerte dispar de los principales operadores del oficialismo y la oposición. Mientras Francos capitaliza una suerte de reivindicación tardía fuera de la Casa Rosada, los arquitectos del plan libertario en funciones exhiben números en rojo: Federico Sturzenegger sumó un 33% de apoyo contra un 59% de rechazo, calcando prácticamente el desempeño de Luis Caputo (33% a favor y 60% en contra). En la otra vereda, el presidente de la UCR, Martín Lousteau, se convirtió en el dirigente con peor imagen de toda la política argentina al cosechar un 68% de reprobación, superando marcas negativas extremas como las del titular de Diputados Martín Menem (65%) y Cristina Kirchner (64%).
Este escenario de liderazgos erosionados y sin recambios nítidos anticipa serias dificultades operativas para la construcción política del Gobierno. A la Casa Rosada se le estrecha el margen de maniobra para exigir disciplina legislativa apelando a una presunta popularidad de hierro de Milei, justo cuando sus espadas de gestión cargan con saldos negativos superiores a los veinte puntos. Paralelamente, la oposición enfrenta un desafío de representatividad terminal: ni el peronismo ni el radicalismo logran capitalizar el descontento popular, entrampados en techos de rechazo social que les impiden presentarse como alternativas viables ante un electorado desilusionado.
La radiografía de opinión pública confirma que el crédito inicial de la gestión se transformó en una relación de paciencia acotada, sostenida más por la falta de un horizonte opositor que por el entusiasmo con el rumbo oficial. Que la única figura con saldo a favor sea un articulador que ya no forma parte del Gabinete es un síntoma elocuente del costo que pagan quienes hoy defienden el programa económico diario. Si la inflación no cede en el bolsillo real y las tarifas continúan presionando los presupuestos familiares, el oficialismo corre el riesgo de que el octavo lugar del Presidente deje de ser una anécdota estadística para volverse un límite infranqueable de gobernabilidad.













