El Consejo del organismo abrió una auditoría interna para decidir si elimina el galardón o veta a los políticos, tras la rebelión europea por la entrega inconsulta de Gianni Infantino en Washington.
Apenas doce meses después de haberlo inaugurado con bombos y platillos, la FIFA puso bajo revisión formal y evalúa suprimir de manera definitiva su flamante Premio de la Paz, la distinción que su titular, Gianni Infantino, le concedió a Donald Trump a fines de 2025. La continuidad del galardón quedó seriamente comprometida luego de desatar una rebelión política interna encabezada por la UEFA y varias federaciones influyentes, que cuestionan tanto la naturaleza de la condecoración como la discrecionalidad con la que se gestionó.
La determinación se adoptó en la última cumbre del Consejo de la FIFA celebrada en Zúrich, donde se resolvió transferir el expediente al Comité de Responsabilidad Social del Fútbol. Este cuerpo de 22 miembros —que tiene entre sus filas al exdefensor de la Selección argentina y actual vicepresidente del Inter de Milán, Javier Zanetti— deberá evaluar los méritos del premio, definir si sobrevive como una distinción anual y, en caso de mantenerlo en pie, resolver si se prohíbe de forma taxativa su entrega a figuras del ámbito político.
El reconocimiento había sido creado formalmente en noviembre de 2025 bajo la promesa de homenajear a personas que hayan realizado "acciones excepcionales y extraordinarias por la paz" y que hubieran contribuido a "unir a la gente de todo el mundo". No obstante, el bautismo del trofeo en Washington generó ruidos inmediatos en los pasillos de la entidad suiza: Infantino condecoró al republicano mediante un acto personalísimo, salteándose la aprobación oficial del propio Consejo de la FIFA, el órgano que reglamentariamente debía validar una medida de semejante calibre.
El impacto político del premio terminó de resquebrajarse en el terreno de los hechos: pocos meses después de posar sonriente junto a Infantino con la distinción pacifista, Trump ordenó una serie de ataques aéreos sobre Irán, activando un conflicto bélico de alta intensidad que aún permanece abierto. La incomodidad en la cúpula del fútbol quedó expuesta por la vicepresidenta del organismo y titular de la Federación Inglesa (FA), Debbie Hewitt, quien confirmó que la comisión indagará cómo se gestó la distinción entre bambalinas: "Se ha tomado la decisión de revisar el premio y someterlo al comité social. Otro tema que se planteó fue si debería haberse otorgado, cómo se tomó la decisión de concederlo y si debería haber otro", remarcó.
El desenlace de esta pulseada dirigencial ya tiene una hoja de ruta pautada. El comité que integra Zanetti deberá presentar su informe final y sus recomendaciones antes de la próxima asamblea del Consejo de la FIFA, prevista para diciembre en Doha, Qatar. En ese cónclave, los dirigentes del fútbol mundial deberán someter a votación dos escenarios posibles: la derogación definitiva del galardón para cerrar la controversia o una modificación de su estatuto que excluya a mandatarios y preserve la imagen neutral que el organismo intenta proyectar.
Lo que Infantino concibió en la previa del Mundial 2026 como una ofrenda de diplomacia deportiva hacia la Casa Blanca terminó transformándose en un boomerang institucional que amenaza su capital político ante Europa. La cumbre de Doha pondrá a prueba hasta qué punto el mandamás del fútbol global está dispuesto a retroceder sobre sus propios pasos para aplacar el descontento interno o si sepultará la condecoración como un incómodo error de cálculo.













