A solo 11 días de sufrir un desgarro en el isquiotibial, el capitán xeneize liderará el equipo en el Maracaná para intentar revertir el 1-0 de la ida en busca de la final de la Copa Sudamericana.
Boca se jugará este martes el partido más importante del semestre en el estadio Maracaná, donde visitará a Vasco da Gama con la imperiosa necesidad de revertir la derrota por 1-0 sufrida en el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana. En medio de un clima de máxima tensión, el técnico Rodolfo Arruabarrena tomará una decisión de alto riesgo: incluir desde el arranque a Leandro Paredes, quien apenas 11 días atrás sufrió un desgarro en el isquiotibial derecho.
El mediocampista central y capitán xeneize saltará a la cancha con la cinta en el brazo al frente de un equipo que buscará la hazaña en Río de Janeiro. La delegación boquense se instaló en Barra de Tijuca con el plantel completo de 33 futbolistas, incluidos aquellos que no están disponibles, en una muestra de unidad ante la encrucijada deportiva. El probable once inicial se perfila con Álvaro Montero en el arco; Leandro Lozano, Lautaro Di Lollo, Facundo Jagger Herrera y Lautaro Blanco en defensa; un mediocampo conformado por Milton Delgado, Santiago Ascacibar y el propio Paredes; mientras que la delantera estará integrada por Miguel Merentiel y Leonel Flores, con una última duda táctica entre Alan Velasco y Sebastián Villa para ocupar el puesto de enlace.
El trasfondo físico del volante de San Justo encendió todas las alarmas en el cuerpo técnico debido a sus antecedentes recientes. Paredes ya había padecido una lesión idéntica en la previa de un duelo ante Universidad Católica por la Copa Libertadores, un antecedente donde su presencia en cancha condicionó su rendimiento por el dolor. Posteriormente, un nuevo problema muscular lo marginó en un compromiso por Copa Argentina ante Vélez en Córdoba, y cuando parecía haber recuperado su mejor versión futbolística, el desgarro se repitió en el empate 2-2 frente a Instituto.
Para acelerar los plazos de recuperación y llegar a este compromiso límite, el capitán se sometió a un tratamiento acelerado con plasma rico en plaquetas y recién comenzó a realizar trabajos de campo el pasado miércoles. El propio Arruabarrena admitió públicamente la jugada al límite que representa su inclusión: "A mí no me gusta arriesgar, pero él quiere estar". Con este panorama, el volante jugará condicionado, bajo el riesgo concreto de agravar su lesión y perderse la recta final del torneo local y el Superclásico programado para el próximo 1° de noviembre.
El margen de error para el conjunto argentino es nulo en el mítico escenario carioca, donde se esperan unos 70.000 hinchas brasileños y apenas 4.000 simpatizantes visitantes que ya coparon las playas de Copacabana. Para acceder directamente a la final de la Sudamericana, Boca deberá imponerse por una diferencia de dos goles, mientras que una victoria por la mínima estirará la definición a la tanda de penales. El entrenador evaluó diversas estrategias, entre ellas no salir a presionar de manera desesperada en campo rival, apostando a la jerarquía de sus referentes para sostener la ilusión continental.
La presencia de Paredes representa tanto el principal susto médico como la única carta fuerte sobre la cual se cimenta la esperanza xeneize en territorio brasileño. En un semestre donde el certamen internacional se convirtió en el único salvavidas institucional, el capitán eligió forzar la máquina hasta el límite físico en busca de una clasificación que puede definir el año deportivo de la institución.













