Mientras los ataques de los hutíes contra Arabia Saudita impulsaron al crudo a máximos de cinco meses, el estrepitoso debut bursátil de una empresa de infraestructura tecnológica en Seúl sembró dudas sobre la rentabilidad del sector antes de los balances de Meta y Tesla.
La escalada bélica en Medio Oriente y el primer gran tropiezo de confianza en torno al negocio de la inteligencia artificial volvieron a encender las alarmas en el tablero financiero internacional. Pese a que los futuros de Wall Street intentaron mostrar un rebote moderado en las primeras operaciones, la presión inflacionaria que introduce el encarecimiento de la energía y las crecientes dudas sobre la capacidad de monetizar las inversiones tecnológicas frenaron el apetito por el riesgo a nivel global.
En Nueva York, los movimientos previos a la apertura mostraron un comportamiento dispar: mientras el Dow Jones avanzó un 0,76%, el S&P 500 subió un 0,36% y el tecnológico Nasdaq apenas sumó un 0,19%. El telón de fondo estuvo marcado por la presión sobre las materias primas: el barril de crudo Brent se ubicó en u$s109,2 —su cota más alta en cinco meses— y el crudo estadounidense WTI cotizó a u$s98,25. En paralelo, el rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos se ubicó en el 5,1%, mientras que en Europa el bono soberano francés trepó al 4,93%, alcanzando su registro más elevado desde julio de 2002.
El recalentamiento del crudo obedece directamente a la reactivación del frente geopolítico en el Golfo Pérsico, luego de que las milicias hutíes de Yemen, respaldadas por Irán, se atribuyeran una serie de ataques contra infraestructuras energéticas, aeropuertos y objetivos militares en territorio de Arabia Saudita. Este escenario no solo reaviva los costos logísticos internacionales, sino que sostiene viva la amenaza de una inflación pegajosa que limita el margen de los principales bancos centrales de Occidente para acelerar recortes de tasas de interés.
Sin embargo, el dato que alteró el pulso de los operadores provino de Asia y golpeó el núcleo de la narrativa dominante del mercado. En Seúl, la empresa de centros de datos y desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial Elice Group debutó en bolsa con un desplome del 32%, lo que representó el peor estreno bursátil para una gran corporación en la historia reciente de Corea del Sur y arrastró al índice Kospi a una pérdida diaria del 3,73%. El derrumbe encendió una sospecha inmediata: el monumental gasto de capital volcado a la infraestructura digital comienza a ser evaluado bajo la lupa de los retornos reales y no solo por promesas de disrupción.
El desenlace de esta pulseada comenzará a develarse en los próximos días con una batería crítica de resultados corporativos. El calendario de presentaciones trimestrales contempla los números de SpaceX y Netflix, aunque la prueba de fuego recaerá a finales de la semana sobre Meta y Tesla. Los inversores escudriñarán si las grandes tecnológicas mantienen ingresos suficientes para sostener sus multimillonarios presupuestos de servidores y procesadores, o si la cautela corporativa empezará a frenar la rueda del financiamiento.
Con el petróleo sosteniéndose en torno a los u$s110 y el costo del crédito soberano en niveles que no se veían en más de dos décadas, los mercados afrontan un fin de mes bisagra. La euforia algorítmica ya no cuenta con el cheque en blanco de los últimos meses, y si los balances corporativos en Estados Unidos decepcionan, el frágil equilibrio de las bolsas globales se verá forzado a una corrección más profunda.













