Los registros audiovisuales captados por ciudadanos durante los dos terremotos que sacudieron Venezuela circularon velozmente en redes sociales y se convirtieron en la primera fuente de información disponible antes de los comunicados oficiales. Imágenes del aeropuerto de Maiquetía, edificios dañados en Caracas y vecinos en la calle llegaron a millones de usuarios en minutos.
Este fenómeno vuelve a poner en el centro del debate el rol de la tecnología y los smartphones como herramientas de documentación en situaciones de catástrofe. La inmediatez de la difusión permitió que familiares en el exterior tomaran conocimiento de la situación y que medios internacionales accedieran a material visual de primera mano sin necesidad de presencia in situ.
Sin embargo, la viralización masiva también trajo aparejada la circulación de contenidos no verificados y desinformación, un patrón recurrente en emergencias de este tipo. Especialistas en comunicación digital insisten en la necesidad de alfabetización mediática para que el público pueda distinguir fuentes confiables en contextos de crisis.















