El mundo del fútbol atraviesa una de sus crisis institucionales más profundas en años. La fallida tentativa de privatizar la Copa del Mundo desencadenó una rebelión de las principales federaciones europeas contra la conducción de Gianni Infantino al frente de la FIFA, poniendo en jaque su continuidad.
El plan de privatización del torneo más importante del planeta generó un rechazo unánime de los organismos del Viejo Continente, que consideraron el proyecto una amenaza directa al modelo solidario del fútbol global. El tablero se reorganiza velozmente, con alianzas y posicionamientos que podrían alterar el equilibrio de poder dentro del organismo rector.
La situación se monitorea minuto a minuto desde los principales centros de decisión del deporte. El futuro de Infantino dependerá en gran medida de su capacidad para recomponer vínculos con Europa, bloque que históricamente ha tenido peso determinante en las votaciones internas de la FIFA.















