
Un encuentro en Buenos Aires reunió a un científico y una especialista en comunicación para analizar hasta dónde puede llegar la IA sin regulación adecuada.
Un debate realizado en Buenos Aires puso sobre la mesa una de las preguntas más urgentes del momento tecnológico global: ¿hay que pausar el desarrollo de la inteligencia artificial? El encuentro reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman, dos miradas complementarias sobre un fenómeno que avanza más rápido que las respuestas regulatorias.
Fernández Slezak aportó la perspectiva técnica y científica, mientras que Sarchman se concentró en los efectos sobre la comunicación, la información y la construcción de sentido en la sociedad. El cruce de ambos enfoques permitió abordar los riesgos de la IA desde ángulos que van más allá de la tecnología pura: la dimensión ética, social y política del problema.
El debate sobre pausar o regular la IA no es nuevo, pero ganó urgencia en los últimos dos años a medida que los modelos de lenguaje y las herramientas generativas se masificaron de manera acelerada. En 2023, una carta abierta firmada por figuras como Elon Musk y científicos de prestigio pidió una pausa de seis meses en el desarrollo de sistemas más avanzados que GPT-4. La propuesta fue ignorada por la industria.
El dato que cambia la lectura es que el debate ya no es solo entre tecnólogos: cuando una especialista en comunicación se sienta a discutir los límites de la IA junto a un científico, el campo del problema se expande. La pregunta no es solo si los sistemas son seguros, sino qué hacen con la verdad, con la percepción y con la capacidad de las personas de distinguir lo real de lo fabricado.
En Argentina, la regulación de la inteligencia artificial está en etapa embrionaria. No existe aún una ley específica sobre el uso de IA, y el debate público sobre el tema recién empieza a ganar espacio en la agenda política y académica. Lo que ocurra en los próximos meses a nivel internacional, especialmente en la Unión Europea con su AI Act, podría marcar el camino que siga el país.
Mientras la industria tecnológica avanza sin frenos visibles, encuentros como el de Buenos Aires cumplen una función que no es menor: instalar preguntas incómodas en el espacio público antes de que las consecuencias sean irreversibles. Si hay que pausar la IA o no es, todavía, una pregunta abierta. Pero hacerla en voz alta ya es un acto necesario.















