
Washington decidió aplicar aranceles del 50% a productos canadienses por un valor de 20.000 millones de dólares, en una medida que sacude las relaciones bilaterales entre los dos países vecinos y socios históricos del bloque norteamericano. La decisión marca una nueva escalada en las tensiones comerciales que ya venían acumulándose en los últimos meses.
Ottawa respondió de inmediato con represalias propias, igualando la presión arancelaria en un gesto que refleja la disposición canadiense a no ceder sin contrapartida. La medida de Washington fue presentada como una herramienta de presión en el marco de disputas que incluyen sectores industriales, agrícolas y energéticos clave para ambas economías.
El episodio recuerda episodios previos de tensión comercial entre ambos países durante administraciones anteriores, aunque analistas advierten que la escala actual es significativamente mayor. Los sectores más afectados incluyen manufacturas, productos lácteos y recursos naturales, pilares del intercambio bilateral.
Esta guerra de aranceles amenaza con impactar los precios al consumidor en ambos países y podría forzar una renegociación de los marcos comerciales vigentes. Los mercados internacionales siguen de cerca el conflicto, que podría tener efecto dominó en otras relaciones comerciales de la región.















