
Un comportamiento que muchos dueños de gatos interpretan como rechazo o disgusto tiene en realidad una explicación etológica bien diferente. Según coinciden los veterinarios consultados por especialistas en comportamiento animal, los felinos se lamen después de recibir caricias no porque les moleste el contacto humano, sino para recuperar su propio olor, alterado momentáneamente por el tacto de las personas.
Este gesto forma parte de la rutina natural de acicalamiento de los gatos, una conducta instintiva que cumple funciones de higiene, termorregulación y reafirmación de identidad olfativa. Los felinos poseen un mapa olfativo corporal muy preciso y cualquier alteración en él activa el impulso de restaurarlo mediante el lamido.
Conocer estas señales permite mejorar el vínculo entre humanos y gatos, reduciendo malentendidos que en muchos casos llevan a los dueños a asumir que su mascota no los quiere. Los especialistas recomiendan respetar los tiempos y espacios del animal, entendiendo que el lenguaje felino responde a lógicas muy distintas a las del comportamiento canino o humano.















