El avance de la investigación judicial por la muerte de Bastián, el niño que perdió la vida en un siniestro vial en la zona de médanos de Pinamar, ha dado un vuelco determinante. Los resultados de las pericias toxicológicas confirmaron la presencia de alcohol en sangre en ambos conductores involucrados: tanto en quien manejaba el UTV como en el conductor de la camioneta. Este dato técnico no solo agrava la situación procesal de los imputados, sino que reabre el debate sobre la falta de controles y la imprudencia en las zonas de recreación turística de la Costa Atlántica.
De acuerdo a los informes oficiales del Ministerio de Seguridad y la fiscalía interviniente, los niveles detectados superan los límites permitidos, lo que configura una agravante bajo la figura de homicidio culposo. La pericia mecánica, sumada a estos resultados bioquímicos, busca determinar la responsabilidad compartida en el impacto que terminó con la vida del menor de edad. Los especialistas legales advierten que este escenario complica las estrategias de defensa, ya que el estado de intoxicación anula cualquier argumento de «accidente inevitable» ante la ley.
El caso Bastián ha puesto bajo la lupa la regulación de los vehículos todoterreno y la circulación en áreas de difícil acceso, donde la fiscalización policial suele ser deficiente. Organizaciones civiles de seguridad vial han denunciado reiteradamente que el uso de UTVs y cuatriciclos en zonas de médanos se realiza frecuentemente bajo el consumo de sustancias y sin los elementos de seguridad correspondientes. Este suceso se suma a una lista de tragedias evitables que empañan cada temporada estival en los municipios costeros de la provincia de Buenos Aires.
En el ámbito judicial, se espera que en las próximas horas se soliciten nuevas medidas de prueba, incluyendo el análisis de los teléfonos celulares de los involucrados para reconstruir las horas previas al choque. La querella, que representa a la familia de la víctima, ha solicitado el cambio de carátula a «homicidio simple con dolo eventual», argumentando que cualquier persona que conduce alcoholizada un vehículo de gran porte en una zona concurrida debe representarse la posibilidad de causar una muerte.
Desde el sector político, el municipio de Pinamar ha enfrentado críticas por la gestión del espacio público y la seguridad en las zonas de frontera. Si bien existen normativas que prohíben la circulación en ciertos sectores, la vastedad del terreno y la falta de recursos técnicos dificultan la aplicación efectiva de la ley. Este caso podría impulsar una reforma en las ordenanzas locales, exigiendo controles de alcoholemia preventivos en los puntos de acceso a las dunas y una mayor rigurosidad en el otorgamiento de permisos para vehículos especiales.
La resolución del caso Bastián sentará un precedente necesario en la justicia argentina respecto a la responsabilidad vial en contextos de ocio. Mientras la comunidad de Pinamar sigue conmocionada, la evidencia científica parece cerrar el cerco sobre los responsables. El impacto de este proceso judicial será fundamental para concientizar sobre el peligro mortal que representa la combinación de alcohol y conducción, incluso en entornos que, a simple vista, parecen destinados únicamente al esparcimiento.















