
Después del fracaso en la Cámara alta con la Ley de Tierras, la administración de Javier Milei decidió congelar el ambicioso paquete desregulador que impulsaba el ministro Federico Sturzenegger. Las reformas apuntaban a modificar el funcionamiento de farmacias, inmobiliarias y otras actividades económicas reguladas, además de derogar la histórica Ley del Libro.
Desde el Ejecutivo justificaron la pausa con un argumento político: prefieren abrir una discusión más amplia antes de avanzar con cambios que generan resistencias sectoriales y parlamentarias. La señal es que el ritmo desregulador, uno de los pilares del programa económico libertario, se ajusta ahora a la realidad legislativa.
El freno plantea interrogantes sobre el calendario de reformas estructurales que el Gobierno prometió al mercado y a los organismos internacionales. Analistas advierten que la acumulación de postergaciones puede erosionar la credibilidad del programa económico de cara al segundo semestre del año.















