
La situación en Patronato de Paraná llegó a un punto crítico este fin de semana. Tras la derrota ante Colón de Santa Fe, integrantes del plantel fueron agredidos físicamente por sus propios hinchas, en una escena que generó repudio en el fútbol argentino y reavivó el debate sobre la violencia en los estadios.
El equipo entrerriano atraviesa uno de sus peores momentos en la Primera Nacional: lleva 11 partidos consecutivos sin ganar y se encuentra penúltimo en el Grupo B de la competencia. La desesperación de la parcialidad local derivó en ataques directos contra los futbolistas, quienes debieron ser resguardados por personal de seguridad.
Este tipo de episodios no son nuevos en el fútbol argentino, pero siguen generando alarma. La AFA y las autoridades provinciales tienen protocolos de seguridad que en numerosas ocasiones se muestran insuficientes para contener situaciones de alta tensión emocional como la vivida en Paraná.
Lo ocurrido obliga al club a tomar medidas urgentes tanto en lo deportivo —evaluar el cuerpo técnico y refuerzos— como en lo institucional, garantizando la integridad de los jugadores. Si la racha negativa continúa, el descenso se convierte en una amenaza concreta que puede profundizar aún más la crisis.















