
El hígado graso es una de las enfermedades metabólicas más extendidas y silenciosas de la actualidad. Afecta a millones de personas sin que lo sepan y, si no se trata a tiempo, puede derivar en cirrosis o insuficiencia hepática. La buena noticia es que la alimentación juega un rol central en su tratamiento y reversión.
El médico Jorge Tartaglione explicó en LN+ que la dieta más eficaz contra esta condición combina antioxidantes, fibra, cereales integrales y ácidos grasos omega 3, al tiempo que reduce drásticamente el consumo de azúcares. Entre los endulzantes, el especialista señaló uno en particular como el más perjudicial para el hígado, vinculado al aumento de grasa hepática.
El fructose —presente en bebidas azucaradas y ultraprocesados— es el principal sospechoso en la génesis del hígado graso no alcohólico. A diferencia de otros azúcares, se metaboliza casi exclusivamente en el hígado, lo que favorece la acumulación de lípidos en ese órgano con mayor velocidad que otros compuestos.
Los especialistas coinciden en que los cambios en el estilo de vida —actividad física regular y ajuste alimentario— pueden revertir el cuadro en sus etapas iniciales sin necesidad de medicación. La detección temprana a través de ecografías de rutina sigue siendo la herramienta más efectiva de prevención.















