El gobernador bonaerense expuso cifras críticas de caída de empleo, desplome del consumo y precarización laboral, comparó el plan nacional con el de Martínez de Hoz y apuntó contra los empresarios "tibios" que ocultan su crisis.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, inauguró este martes el 4° Congreso Productivo Bonaerense en La Plata con un discurso de fuerte contenido político y económico, donde buscó blindar su gestión frente al deterioro social y apuntar directamente contra la Casa Rosada. En el emblemático Pasaje Dardo Rocha, el mandatario provincial denunció la existencia de un plan deliberado del gobierno de Javier Milei para desmantelar el entramado fabril argentino, definiéndolo como un "industricidio en curso". Lejos de limitarse a una crítica retórica, el bonaerense expuso un arsenal de datos crudos sobre el impacto recesivo en el principal motor productivo del país, marcando un fuerte contraste doctrinario entre el modelo de desregulación nacional y la defensa del mercado interno.
El encuentro, que sesiona bajo el lema "El valor de producir" y fue organizado por el Ministerio de Producción provincial con el apoyo del Consejo Federal de Inversiones (CFI), reúne durante dos jornadas a representantes de empresas, cooperativas, sindicatos, universidades y referentes políticos de los 135 municipios bonaerenses. Acompañado por sus ministros Augusto Costa (Producción), Javier Rodríguez (Desarrollo Agrario), la jefa de asesores Cristina Alvarez Rodríguez y el intendente platense Julio Alak, Kicillof detalló que desde el inicio del mandato de La Libertad Avanza se perdieron 411.000 empleos formales en el país y cerraron 30.633 empresas. El gobernador subrayó que, al concentrar Buenos Aires la mitad de la industria nacional, la provincia absorbe la mayor parte de este desplome laboral y corporativo, superando proporcionalmente su propio peso demográfico.
El trasfondo de la ofensiva oficialista reside en un informe de coyuntura del Ejecutivo provincial que muestra un retroceso generalizado y simultáneo de la actividad. Según este relevamiento, sectores clave de la estructura bonaerense exhiben caídas dramáticas en comparación con 2023: la industria automotriz local retrocedió un 15,5% respecto de 2025, la metalurgia acumuló una baja del 20,8% y el sector textil y de cuero promedió un descenso del 14,5%. A este panorama de parálisis fabril y caída del 7,3% en las ventas de supermercados se le suma, de acuerdo con el informe oficial, una apertura importadora récord que en 2025 alcanzó los US$11.400 millones en bienes de consumo —un pico histórico que superó al de 2017— y que continúa en alza durante 2026, desplazando de manera sistemática a la producción nacional.
El dato políticamente más filoso y que desnuda el cambio de dinámica socioeconómica es el avance de la precarización y la ineficacia de las herramientas oficiales de promoción de inversiones. El informe bonaerense revela que el 85% de los nuevos ocupados en el último año corresponden al sector informal, con un salto de 49.500 altas en el monotributo que conviven con la pérdida de más de 153.000 empleos registrados desde fines de 2023. Además, el gobierno provincial apuntó directo contra el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), detallando que el flujo neto acumulado de divisas bajo este esquema es de "apenas US$762 millones" y que más del 80% se concentra en minería e hidrocarburos sin generar empleo significativo, advirtiendo incluso que varios de los proyectos ya estaban planificados antes de la sanción de la ley. Para completar, Kicillof no ahorró críticas hacia adentro del círculo rojo: fustigó a los empresarios con posiciones "tibias y acomodaticias" que "se funden y lo esconden".
De cara a los próximos meses, la estrategia de Kicillof pasa por nacionalizar su perfil y consolidar a Buenos Aires como el principal polo de resistencia institucional y de articulación de una propuesta de gobierno alternativa. El mandatario provincial anticipó que responderá "taxativamente desde la realidad" a los intentos del oficialismo nacional por responsabilizar a las provincias y municipios de la crisis, mientras coordina acciones directas con los jefes comunales para mitigar el desborde social en los territorios. En términos geopolíticos y comerciales, el gobernador buscará estrechar lazos con los socios del Mercosur —especialmente Brasil— para contrarrestar el aislamiento y la política exterior de la gestión de Milei, apostando a un esquema multilateralista que proteja los mercados de exportación bonaerenses.
Al asimilar el programa de Javier Milei con el plan económico implementado por José Alfredo Martínez de Hoz durante la última dictadura militar —marcado por la reprimarización, el endeudamiento familiar y el dólar planchado—, Kicillof dejó en claro que la disputa de modelos excede la coyuntura fiscal bonaerense. La inauguración del Congreso Productivo no funcionó únicamente como un foro sectorial, sino como la plataforma de lanzamiento de un polo opositor que busca aglutinar a los sectores productivos que hoy se autoperciben desamparados por el rumbo macroeconómico. La efectividad de esta convocatoria y la capacidad de resistencia del entramado industrial de la provincia serán los factores determinantes que definirán si el kicillofismo logra estructurar con éxito una alternativa de poder para el escenario político que ya se empieza a diseñar.














