En medio del desgaste por la triple competencia, el entrenador xeneize manda a lo mejor que tiene a la cancha para abrir los cuartos de final en la Bombonera, una llave decisiva que se definirá la semana próxima en Brasil.
Rodolfo Arruabarrena decidió poner todas las fichas en el plano internacional. Boca recibe este martes a San Pablo en la Bombonera para dar el primer paso en los cuartos de final de la Copa Sudamericana, en un cruce de altísima exigencia que asoma como la gran prioridad estratégica del cuerpo técnico en este tramo del año.
El encuentro de ida abrirá una serie determinante que tendrá su desenlace exactamente dentro de una semana en suelo brasileño. Para este compromiso, el entrenador xeneize dispondrá el regreso de la mayoría de los titulares habitualmente preservados en el torneo local, consciente de que un resultado adverso de local condicionaría severamente la suerte del equipo en el plano continental.
El conjunto de la Ribera llega a este cruce inmerso en una ajustada triple competencia que incluye el certamen doméstico y la Copa Argentina. Sin embargo, las dificultades para sostener un rendimiento parejo en el torneo local y el desgaste físico acumulado llevaron al Vasco a blanquear, a través de sus decisiones tácticas, un secreto a voces en el club: la Sudamericana es el trofeo que puede revalidar su ciclo.
Lo verdaderamente sugestivo del movimiento de Arruabarrena no radica solo en la rotación de nombres, sino en la necesidad urgente de revertir antecedentes desfavorables ante rivales brasileños en instancias de eliminación directa. Mover la estructura para jugarse el semestre en 180 minutos contra un gigante como San Pablo expone el estrecho margen de maniobra de un cuerpo técnico obligado a conseguir un resultado holgado en la Bombonera para evitar una excursión de alto riesgo en suelo paulista.
El desarrollo de los noventa minutos en Buenos Aires marcará la pauta del partido de vuelta. De no lograr una ventaja considerable en casa, Boca se verá forzado a reconfigurar sus metas en las competiciones locales, donde cualquier tropiezo adicional encendería las alarmas sobre la efectividad de haber descuidado el frente interno en favor del certamen internacional.
Con los titulares de vuelta y la presión en su punto más alto, Boca afronta ante San Pablo mucho más que una eliminatoria de cuartos de final. El choque de esta noche en La Boca no solo medirá el calibre futbolístico del equipo, sino que pondrá a prueba la solidez de una apuesta técnica que dejó de lado la cautela y se jugó la temporada a una sola carta.













