La federación del país europeo rechazó acompañar al dirigente en los comicios de 2027 tras denunciar falta de transparencia en un multimillonario negocio financiero y cuestionar un polémico fallo que benefició a Estados Unidos.
La conducción de Gianni Infantino al frente de la FIFA acaba de recibir un contundente golpe político en el corazón del fútbol europeo. La Real Federación Belga de Fútbol (URBSFA) anunció formalmente que no respaldará la candidatura del dirigente italosuizo para el período 2027-2031. La decisión quiebra un frente que hasta hace pocos meses parecía inexpugnable para la cúpula de Zúrich y transforma lo que perfilaba como una reelección sin sobresaltos en un escenario de creciente fragilidad institucional para el mandatario que gobierna el organismo desde 2016.
La postura oficial, dada a conocer por la presidenta de la entidad belga, Pascale Van Damme, se fundamenta en dos reclamos puntuales que salpican la credibilidad del organismo rector. Por un lado, la falta de transparencia en el manejo del proyecto FIFA Forward Enterprise, un intento por abrir el negocio de los torneos a capitales privados. Por el otro, el inexplicable silencio de la FIFA tras anular la sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun, quien disputó los octavos de final del Mundial frente a Bélgica a pesar de haber sido expulsado en el partido previo, un caso sobre el cual Bruselas lleva dos meses exigiendo explicaciones sin obtener respuesta.
El portazo de Bélgica no representa un hecho aislado, sino que amplifica una rebelión continental que no para de sumar adherentes. Asociaciones de peso como Inglaterra, Italia, Países Bajos, Escocia, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Rumania ya retiraron sus avales o expresaron la necesidad de un recambio de autoridades. El bloque escandinavo lidera las posturas más drásticas: Noruega solicitó abiertamente la renuncia de Infantino, mientras que la Federación Francesa, bajo la conducción de Philippe Diallo, convocó al comité ejecutivo para el 10 de septiembre con la firme intención de oficializar su rechazo a las decisiones inconsultas de la entidad matriz.
Detrás del descontento de los seleccionados europeos subyace el colapso del FIFA Forward Enterprise (FFE), la controvertida propuesta ideada por Infantino para crear una filial comercial que gestionara los derechos de los Mundiales masculino, femenino y de Clubes. La iniciativa proyectaba una valuación de 20.000 millones de dólares y contemplaba la venta del 20% a fondos de inversión privados bajo el argumento de multiplicar los ingresos de las 211 federaciones miembro. Sin embargo, la feroz oposición articulada por la UEFA y la Concacaf forzó al mandatario a dar marcha atrás, dejando al descubierto severas inconsistencias sobre la gobernanza y los mecanismos financieros de la propuesta.
De cara a las elecciones del 18 de marzo de 2027, la cúpula de la FIFA insiste en que "nada ha cambiado" y que Infantino mantiene firme su candidatura para continuar hasta 2031. Sin embargo, el mapa político ingresar de lleno en terreno convulsionado: el próximo 15 de octubre, durante la reunión del Consejo de la FIFA, Bélgica exigirá debatir formalmente el caso Balogun y las estimaciones económicas del FFE. Aunque Infantino aún retiene alianzas estratégicas fuera de Europa —con apoyos explícitos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y guiños favorables de la AFA—, la pérdida sostenida del territorio europeo abre la ventana para que surja una candidatura alternativa capaz de disputarle el sillón presidencial.
El quiebre diplomático expone que el consenso unánime del que gozaba la gestión de Infantino se ha terminado de romper en las ligas principales del planeta. La capacidad del dirigente para contener la fuga de apoyos y neutralizar las demandas de transparencia determinará si logra sostener el mando hasta 2031 o si el bloque continental conducido por la UEFA conseguirá imponer un nuevo modelo de gobernanza en el fútbol global.














