
Una reconocida marca automotriz sueca, controlada por el grupo chino Geely, denunció públicamente que las regulaciones implementadas por la administración de Donald Trump le impedirán comercializar vehículos nuevos en el mercado estadounidense a partir del año modelo 2027. La restricción se enmarca en una normativa vinculada a autos conectados y seguridad tecnológica que afecta a vehículos con componentes de origen chino.
La medida forma parte de una estrategia más amplia del gobierno de Trump para limitar la presencia de tecnología de fabricación china en infraestructuras consideradas sensibles. Los autos conectados, que recopilan datos de geolocalización y comportamiento del conductor, fueron identificados como un potencial vector de espionaje según argumentan funcionarios de Washington.
El caso enciende un nuevo foco de tensión en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con empresas europeas atrapadas en el fuego cruzado. Analistas del sector automotriz advierten que esta restricción podría extenderse a otras marcas con cadenas de producción vinculadas a capitales asiáticos, remodelando el mapa competitivo del mercado norteamericano.















