
El especialista en sueño Javier Albares señala que el cuerpo necesita señales ambientales concretas para iniciar el proceso de descanso.
El médico Javier Albares, especialista en medicina del sueño, explicó con precisión clínica algo que muchos saben de manera intuitiva pero pocas veces comprenden en profundidad: para dormir bien, el cuerpo necesita recibir dos señales ambientales fundamentales: oscuridad y descenso de la temperatura.
Según Albares, estas no son preferencias de confort sino condicionantes fisiológicos. El sistema nervioso interpreta la oscuridad y el frío como indicadores de que llegó el momento del descanso, lo que activa la liberación de melatonina y prepara al organismo para entrar en las fases profundas del sueño. Una habitación luminosa o cálida interfiere directamente en ese proceso.
El contexto de esta declaración es relevante: los trastornos del sueño son uno de los problemas de salud más extendidos en las sociedades modernas, con consecuencias documentadas sobre la salud cardiovascular, el sistema inmune, el rendimiento cognitivo y el estado anímico. La medicina del sueño como especialidad ganó protagonismo en los últimos años precisamente por eso.
Lo que cambia la lectura es la precisión del diagnóstico: Albares no habla de «un ambiente cómodo» sino de condiciones técnicas específicas. La temperatura de la habitación, en particular, es un factor que muchas personas no asocian directamente con la calidad del sueño, aunque la investigación científica lleva años documentando esa relación.
Las recomendaciones prácticas que se desprenden de los planteos de Albares apuntan a intervenciones simples: ventilar el cuarto antes de acostarse, usar cortinas que bloqueen la luz exterior y evitar el uso de pantallas —que emiten luz azul y engañan al cerebro sobre el horario— en las horas previas al sueño. Medidas accesibles que, bien aplicadas, pueden mejorar la calidad del descanso sin medicación.
En un país donde la cultura del desvelo y el trabajo nocturno está arraigada, el mensaje de Albares va a contramano de los hábitos habituales. Pero la fisiología no negocia: el cuerpo que no recibe las señales correctas simplemente no entra en el descanso profundo que necesita, sin importar cuántas horas pase en cama.















