
El indicador retrocedió levemente respecto a meses anteriores, aunque permanece en niveles que reflejan el estrés financiero persistente de los hogares.
La morosidad de las familias argentinas registró una baja en agosto de 2026, pero continuó ubicándose cerca del 13%, un nivel considerado elevado para los estándares históricos del sistema financiero local. El indicador mide la proporción de deudores que no cumplen en término con sus obligaciones crediticias.
El dato fue relevado por DataChaco y refleja una tendencia que, si bien muestra una dirección positiva, no alcanza aún para hablar de una recuperación consolidada del poder adquisitivo de los hogares. El 13% de morosidad implica que más de uno de cada ocho deudores enfrenta dificultades para honrar sus compromisos financieros.
Durante 2025 y los primeros meses de 2026, la morosidad había trepado como consecuencia directa de la caída del salario real, la inflación acumulada y el ajuste del gasto público que afectó prestaciones sociales. La leve mejora de agosto coincide con la recuperación gradual del salario real que comenzó a registrarse a mitad de año.
El detalle más significativo es la brecha entre la tendencia a la baja y el nivel absoluto que persiste. Que el número retroceda no significa que las familias estén cómodas: estar cerca del 13% sigue siendo una señal de fragilidad financiera que los bancos y financieras monitorean con atención, especialmente en carteras de consumo y crédito personal.
Si la recuperación del salario real se sostiene en el último trimestre del año, es posible —aunque no seguro— que la morosidad continúe bajando hacia fin de 2026. Sin embargo, el comportamiento de la inflación en los meses de noviembre y diciembre, históricamente más altos por factores estacionales, puede frenar ese proceso de mejora.
La morosidad familiar es uno de los termómetros más directos del bienestar económico cotidiano. Que esté bajando es una señal alentadora, pero que siga en torno al 13% recuerda que la recuperación macroeconómica todavía no se tradujo de forma plena en el bolsillo de las familias argentinas.














