
En solo dos días hábiles de octubre, el indicador acumuló más de 40 puntos de suba, una señal de tensión en los mercados que contrasta con el discurso oficial de estabilidad.
El riesgo país elaborado por JP Morgan cerró en 650 puntos básicos, el valor más elevado desde que comenzó 2026. La suba se produjo en los primeros dos días hábiles de octubre, con una acumulación de más de 40 unidades en ese brevísimo lapso, lo que enciende alertas sobre el estado del crédito soberano argentino.
El riesgo país mide el diferencial de tasa que pagan los bonos del Estado argentino respecto de los del Tesoro de Estados Unidos. Cuando ese spread sube, significa que los inversores perciben mayor probabilidad de que Argentina no pueda afrontar sus compromisos de deuda, y exigen más rentabilidad como compensación. A 650 puntos, el costo de financiarse en los mercados internacionales se vuelve prohibitivo.
El dato se produce en un contexto en el que el gobierno de Javier Milei venía mostrando una reducción sostenida del indicador a lo largo de 2025, proceso que generó expectativas de recuperación del acceso al crédito voluntario. La reversión de esa tendencia en octubre de 2026 es un quiebre que merece seguimiento.
Lo más significativo no es el número en sí sino la velocidad de la suba: 40 puntos en dos días sugiere una reacción del mercado ante algún disparador concreto —ya sea político, fiscal o externo— antes que un deterioro gradual. Identificar ese disparador es clave para entender si se trata de una corrección puntual o del inicio de una nueva dinámica.
Lo que puede pasar depende de varios factores: si el gobierno logra señales fiscales contundentes o acuerdos con organismos internacionales, el indicador podría estabilizarse. Si la tensión política en torno al DNU 70 —cuya derogación está siendo debatida— se profundiza, el mercado podría seguir castigando. Ambos escenarios son posibles, ninguno está confirmado.
Un riesgo país en 650 puntos no es una catástrofe, pero es una señal de alarma clara en un año en que Argentina necesita consolidar su reputación financiera para acceder a deuda en condiciones razonables. El mercado, siempre impaciente, ya está enviando su mensaje.















