
El Ejército de Rumania recurrió a una medida extrema frente a la sequía que azota a Europa del Este: utilizó 180 kilos de explosivos para dinamitar el lecho del río Danubio y redirigir el caudal hacia la central nuclear de Cernavoda. La planta, que genera el 20% de la electricidad del país, necesita un flujo constante de agua para sus sistemas de refrigeración, y la falta de lluvias puso en riesgo su operación.
La decisión muestra la gravedad de la crisis hídrica que enfrenta la región, donde las temperaturas récord y la escasez de precipitaciones están afectando tanto a la agricultura como a la infraestructura energética. Cernavoda es uno de los pilares del sistema eléctrico rumano y su eventual paralización habría generado un déficit energético de gran impacto en el país y en los países vecinos interconectados.
El episodio pone sobre la mesa la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas ante el cambio climático. Expertos en energía y medio ambiente advierten que este tipo de intervenciones de emergencia podrían volverse más frecuentes en Europa si no se avanza en estrategias de adaptación a largo plazo frente a la creciente irregularidad del ciclo hídrico.















