Desde Dublín, el presidente estadounidense cuestionó la capacidad de respuesta militar del Reino Unido y puso el foco en la escalada abierta tras las sanciones y denuncias penales impulsadas por Javier Milei contra las petroleras.
Donald Trump irrumpió en el tablero geopolítico del Atlántico Sur al advertir que un eventual conflicto entre la Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas representaría un "desastre potencial", al tiempo que se ofreció abiertamente a intervenir para resolver la disputa territorial si alguno de los dos gobiernos solicita su asistencia.
Durante una rueda de prensa brindada este sábado en Dublín, el presidente de Estados Unidos aseguró que las partes se encuentran actualmente "enfadadas" y recordó que, durante su infancia, los británicos "entraron y se apoderaron" del archipiélago. Sin embargo, puso en duda que Londres disponga en la actualidad de la capacidad o voluntad política para desplegar una fuerza militar a miles de kilómetros: "Tienen problemas con la inmigración, la energía y otros asuntos que resolver, así que no sé si van a estar dispuestos a viajar tan lejos en barcos", lanzó el mandatario norteamericano.
Las declaraciones del líder estadounidense no se dieron en el vacío, sino que llegaron pocos días después de que Javier Milei lanzara una fuerte ofensiva institucional ante el avance del proyecto petrolero offshore Sea Lion en la cuenca de Malvinas. El Presidente argentino anunció el envío al Congreso de una reforma legislativa para endurecer las sanciones contra empresas nacionales y extranjeras que exploten hidrocarburos en la zona disputada, argumentando que "si hoy no actuamos con firmeza y celeridad, en pocos meses tendrán la capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar".
El elemento políticamente más sensible reside en el antecedente inmediato de fines de agosto, cuando Trump insinuó por primera vez que la Casa Blanca podría retirar el histórico apoyo estadounidense a la soberanía británica sobre el archipiélago. Ese guiño pareció convalidar la embestida judicial del Gobierno argentino, que ya inició procesos sancionatorios contra 60 personas físicas y jurídicas vinculadas a la actividad hidrocarburífera ilegal, junto con denuncias penales dirigidas específicamente contra las petroleras Navitas y Rockhopper por operar con licencias británicas que la Casa Rosada considera ilegítimas.
De cara a los próximos pasos, el escenario dependerá del avance de la reforma de ley en el Congreso argentino y del curso de las acciones penales iniciadas desde la Cancillería contra los directivos y firmas involucradas. En el plano diplomático, resta por ver si la administración de Milei buscará capitalizar de manera formal el ofrecimiento de mediación de Washington o si el Reino Unido optará por endurecer su postura ante la presión conjunta de la ofensiva legal de Buenos Aires y las dudas planteadas por la Casa Blanca sobre el sostén aliado.
Con el proyecto Sea Lion a punto de iniciar una fase de producción decisiva y una ofensiva judicial sin precedentes abierta desde la Argentina, la intromisión verbal de Trump vuelve a colocar el reclamo de soberanía en la agenda global. La moneda queda en el aire ante el interrogante de si Washington actuará verdaderamente como un árbitro en el diferendo o si sus dichos son parte de un cálculo político para presionar al gobierno británico en otros frentes de negociación internacional.













