En el acto por el Día de la Industria, el gobernador bonaerense responsabilizó directamente a Javier Milei por la caída del sector productivo y denunció un proceso de desindustrialización deliberado.
Axel Kicillof eligió el escenario del Día de la Industria para lanzar uno de sus ataques más frontales contra la política económica de Javier Milei, subiendo la tensión en una disputa que trasciende lo fiscal para convertirse en una batalla de modelos de país. Desde Morón, el gobernador bonaerense aseguró que la crisis que atraviesa el sector productivo no es un daño colateral de la estabilización macroeconómica, sino el resultado de una estrategia deliberada de asfixia a la producción local. Al calificar el rumbo oficial como un "plan de exterminio de la industria nacional", el mandatario provincial buscó consolidar a Buenos Aires como el principal territorio de resistencia frente al ajuste de la Casa Rosada.
El acto tuvo lugar en el Parque Industrial de Morón y contó con la presencia de la vicegobernadora Verónica Magario, el intendente local Lucas Ghi, y los ministros Carlos Bianco (Gobierno) y Augusto Costa (Producción). Frente a representantes de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) y referentes de las cámaras navales, jugueteras y cerveceras, Kicillof presentó un panorama sombrío de la realidad fabril: afirmó de manera tajante que "de 10 sectores productivos le va mal a todos" y responsabilizó de forma directa y exclusiva al Presidente por la pérdida de competitividad y el cierre de empresas en el entramado bonaerense.
La ofensiva discursiva del gobernador ocurre en un marco de asfixia financiera para las provincias y de una sostenida caída de la actividad industrial a nivel nacional. Para defenderse de las críticas oficiales que apuntan a la presión impositiva de la provincia de Buenos Aires como un obstáculo para los negocios, Kicillof apeló a la historia reciente: recordó que con la misma estructura tributaria actual, las fábricas bonaerenses registraron niveles de crecimiento durante administraciones previas. Asimismo, intentó construir un perfil de coherencia política al remarcar que su defensa del sector fabril se mantuvo inalterable frente a las gestiones de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Alberto Fernández.
El punto más agudo del discurso de Kicillof radicó en su caracterización ideológica del Gobierno nacional, desarmando la retórica libertaria de la no intervención estatal. El mandatario provincial afirmó que la gestión de Milei no responde a postulados de "libre mercado", "anarcocapitalistas" o de la "escuela austríaca", sino que se trata de una intervención estatal activa diseñada específicamente para destruir el tejido productivo. Según su visión, el superávit y el orden macroeconómico que celebra el Palacio de Hacienda se sostienen artificialmente mediante la quiebra del sector privado tradicional para forzar un cambio regresivo en la matriz productiva de la Argentina.
De cara al futuro inmediato, las palabras de Kicillof plantean un escenario de creciente polarización donde las pymes y las grandes cámaras industriales bonaerenses quedarán tironeadas en el medio. Mientras el gobernador intenta articular un frente político y productivo de oposición con el apoyo de sectores gremiales y empresariales golpeados por la apertura de importaciones, las empresas deben calibrar su nivel de confrontación. Para los industriales, el desafío radica en sobrevivir a la recesión sin romper los puentes de diálogo institucional con la Nación, que aún maneja los resortes clave de la política aduanera, energética y tributaria del país.
El pronunciamiento en Morón ratifica que, para el kicillofismo, la defensa de la industria nacional es la principal bandera para confrontar el relato del déficit cero de la administración libertaria. Al transformar el reclamo corporativo de los sectores productivos en una consigna de soberanía política, el gobernador bonaerense define las líneas de su propia proyección nacional. El pulso de los próximos meses determinará si las pymes resisten el embate de la recesión bajo el paraguas de La Plata, o si la profundidad de la crisis termina desarticulando el histórico bloque productivista de la provincia.















