El capitán sufrió un desgarro grado dos y se pierde la serie de semifinales de la Copa Sudamericana ante Vasco da Gama. El cuerpo técnico evalúa variantes tácticas y nombres para disimular la baja del cerebro del equipo.
Boca afronta el desafío más complejo del año en la Copa Sudamericana sin su máxima figura y capitán, Leandro Paredes, quien sufrió un desgarro de grado dos en el isquiotibial derecho durante el encuentro frente a Instituto en Córdoba. La baja del volante central no sólo altera el esquema táctico que Rodolfo Arruabarrena venía consolidando, sino que también enciende las alarmas en el ciclo institucional que encabeza Juan Román Riquelme, donde la presión por alcanzar una vuelta olímpica internacional tras tres años y medio de sequía resulta inocultable de cara al futuro político del club.
El parte médico oficial confirmó que el mediocampista de la Selección Argentina estará inactivo entre tres y cinco semanas, lo que lo margina automáticamente del cruce mata-mata de ida y vuelta frente al Vasco da Gama brasileño, además de los compromisos por el torneo local ante Talleres e Independiente. La gran incógnita radica en si el referente logrará recuperarse a tiempo para reaparecer en el trascendental Superclásico previsto para el próximo 1 de noviembre en La Bombonera, un objetivo exigente pero al que el cuerpo técnico se aferra con optimismo.
El contexto internacional añade fricción a una serie donde Boca buscará sacar ventaja en su estadio de cara a la definición del 21 de noviembre en Barranquilla, Colombia, sede de la final única del certamen continental. Del otro lado, el conjunto carioca arriba a esta instancia ubicado en el décimo cuarto puesto del Brasileirao, pero con un plantel plagado de nombres de jerarquía y con futbolistas argentinos en su estructura como Santiago Sosa —ex Racing— y Alan Lescano —ex Argentinos Juniors—, quienes ya advirtieron públicamente que la ausencia del mediocampista xeneize modificará por completo el desarrollo de la eliminatoria.
Dentro del abanico de alternativas que maneja Arruabarrena para reordenar el mediocampo, la principal variante pasa por la inclusión del chileno Williams Alarcón, un futbolista que había perdido terreno en la consideración del cuerpo técnico pero que aparece como una carta potable para acompañar a Santiago Ascacíbar y liberar a Milton Delgado. Otra de las opciones sobre la mesa consiste en modificar el dibujo táctico hacia un 4-2-3-1 con el ingreso de Sebastián Villa por los extremos y Miguel Merentiel como referencia de área, un esquema que buscaría compensar la alarmante pérdida de claridad en la salida que históricamente garantiza el capitán.
Las estadísticas del actual ciclo demuestran que el equipo sintió cada ausencia del exjugador de la Roma: en los 21 partidos oficiales que dirigió Arruabarrena, Paredes solo faltó en seis ocasiones, un registro que arroja paridad en los resultados pero evidencia la dificultad estructural para encontrar un reemplazante natural. A esta baja sensible se le suman las ausencias confirmadas de Tomás Belmonte —operado de la rotura de meniscos en la rodilla derecha— y de Alan Velasco, afectado por un desgarro en el aductor izquierdo, lo que reduce considerablemente el margen de maniobra del entrenador.
Con el peso histórico de la camiseta y la necesidad imperiosa de evitar un tropiezo en una fecha tan esquiva como un martes 13, el plantel xeneize se refugia en la solidez del grupo para disimular la ausencia de su faro futbolístico. La presencia consolidada de Carlos Palacios como enlace, tras superar la sinovitis que marginó su rendimiento durante gran parte del año, asoma como el argumento principal para sostener la ilusión copera en una serie donde el margen de error es prácticamente nulo.














