El organismo podó la estimación del PBI al 2,1% para 2026 tras el desplome de la actividad en julio. Con el riesgo de entrar en recesión técnica, Luis Caputo se reúne en Tailandia con Kristalina Georgieva para destrabar US$ 860 millones.
El Fondo Monetario Internacional enfrió las expectativas oficiales y rebajó de manera drástica su estimación de crecimiento para la Argentina durante 2026. Según su último informe de Perspectivas Económicas Mundiales (WEO), el organismo calcula ahora una expansión del Producto Bruto Interno del 2,1%, un recorte pronunciado frente al 3,5% que defendía hasta julio. El ajuste se conoció en Bangkok, Tailandia, en el inicio de la cumbre de ministros de economía y banqueros centrales, y aterriza en el peor momento político para el Palacio de Hacienda.
La corrección técnica del Fondo no responde a una postura aislada, sino al deterioro evidente en el inicio del tercer trimestre. En julio, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) registró una caída mensual del 2,9%, un derrumbe que dejó a la economía al borde de encadenar dos trimestres consecutivos en baja, lo que configuraría técnicamente un ingreso formal en recesión. Si bien consultoras privadas como Analytica, Equilibra y Ferreres estimaron repuntes mensuales moderados para agosto (entre 0,7% y 1,7%), la comparación interanual continúa arrojando saldos negativos.
El nuevo escenario deja a la Argentina rezagada en el mapa regional: la previsión del 2,1% ubica al país por debajo de la media de América Latina y el Caribe (2,3%) y apenas en línea con el promedio de América del Sur. Dentro del vecindario, quedará detrás del desempeño de Paraguay (4,5%), Perú (3%), Ecuador (2,7%) y Brasil (2,2%), superando únicamente a economías de menor tracción como México (1,5%), Uruguay (1,3%) y Chile (0,6%). En materia de precios, aunque el Fondo prevé una baja inflacionaria respecto al 41,9% de 2025, proyecta para este año una inflación promedio del 32,5%, una marca todavía astronómica frente al promedio regional del 8,4%.
La poda del FMI deja al descubierto una brecha incómoda entre el discurso oficial y los números duros. Mientras el Ministerio de Economía insistió en fijar un crecimiento del 3% como referencia de base en el proyecto de Presupuesto, el mercado ya venía desconfiando de esa pauta: el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el propio Banco Central recortó la expectativa de avance al 1,5%, tras haber previsto un 2,1% el mes anterior. La lectura del Fondo sintoniza más con el escepticismo de la plaza financiera que con el optimismo que el equipo económico intenta blindar ante la opinión pública.
En este marco de enfriamiento, el ministro de Economía, Luis Caputo, mantendrá una reunión clave en Bangkok con la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva. La delegación argentina necesita cerrar con urgencia la negociación técnica de la tercera revisión del programa vigente para habilitar un desembolso de US$ 860 millones, vitales para sostener las reservas. Sin embargo, el FMI advirtió en su reporte global sobre los riesgos de la deuda y la inflación internacional impulsada por el conflicto en Medio Oriente, exigiendo a los países "reconstruir el margen fiscal", un recordatorio implícito de que no habrá concesiones ante cualquier desvío en las cuentas públicas.
Con una economía local que muestra signos de asfixia y un consenso privado que pronostica un desempeño aún más modesto que el del Fondo, el margen de maniobra de Hacienda se estrecha. La discusión en Tailandia ya no pasa únicamente por aprobar las metas pasadas para recibir los fondos, sino por cómo sostendrá el Gobierno sus metas de recaudación y superávit si el rebote económico prometido sigue postergándose en la realidad cotidiana.













