Tras la primera licitación oficial para inyectar $200.000 millones al sistema, resurge el debate sobre el endeudamiento a largo plazo, el rol de los codeudores y los riesgos reales de apostar al metro cuadrado.
La reactivación del financiamiento hipotecario vuelve a ubicar a los créditos UVA en el centro de la escena económica, impulsados por una serie de medidas oficiales orientadas a ampliar el fondeo de las entidades bancarias. Sin embargo, el regreso de estas líneas ajustadas por inflación reaviva inevitablemente los fantasmas del pasado y las dudas sobre la sostenibilidad de una deuda a décadas en un contexto macroeconómico volátil.
El punto de inflexión reciente se produjo cuando el Gobierno avanzó con la primera licitación de recursos provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), instancia en la que se adjudicaron $200.000 millones entre 13 entidades financieras. Esta inyección de liquidez permitió que actualmente existan líneas UVA con tasas de interés que rondan entre el 6,5% y el 7,5% anual, según los registros del mercado.
Para comprender el fenómeno hay que remontarse a la experiencia de los créditos UVA durante los últimos años de la gestión de Mauricio Macri, cuando el marcado deterioro de las variables macroeconómicas y el salto inflacionario provocaron un fuerte desfasaje en las cuotas de miles de tomadores, generando un problema político y social de gran escala que todavía hoy condiciona la psicología financiera de la clase media.
Pese a los riesgos latentes de la indexación, los analistas financieros sostienen un argumento central a favor de la herramienta: quien accede al préstamo no pierde, ya que logra anticipar la compra del inmueble y transformar sus ingresos corrientes en un activo inmobiliario de resguardo, ganándole tiempo a la imposibilidad de ahorrar la totalidad del valor de una propiedad en el corto plazo.
En la práctica cotidiana de las sucursales bancarias, una de las alternativas más analizadas por los tomadores es la incorporación de codeudores —como parejas o padres— para mejorar la calificación crediticia y elevar el monto prestable. No obstante, los especialistas advierten que sumar participantes de mayor edad, como un padre de 70 años, puede achicar drásticamente el plazo de devolución del crédito debido a las exigencias de las normativas de riesgo de las entidades.
A pesar de que el esfuerzo financiero se volvió más exigente para amplios sectores de la clase media, los niveles de morosidad en este segmento se mantienen bajos y los deudores continúan cumpliendo con sus obligaciones. De cara a los próximos meses, la evolución del salario real frente a la inflación mensual será la variable determinante que defina si el repunte hipotecario consolida su expansión o si el peso de la cuota vuelve a encender luces de alerta.














