Sin hablar en público desde marzo de 2025, el líder del Frente Renovador aprovecha la interna a cielo abierto entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, teje con intendentes bonaerenses y apunta al armado nacional hacia 2027.
Sergio Massa calcula cada movimiento con el reloj puesto en las elecciones presidenciales de 2027 y la certeza interna de que la fractura entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof le abre una ventana de oportunidad única. Desde el búnker del Frente Renovador en el barrio porteño de Retiro, el exministro de Economía trabaja en la reconstrucción de su espacio bajo una consigna tajante: posicionarse como la prenda de unidad del peronismo o encabezar una fórmula competitiva si la disputa interna desemboca en una pulseada en las primarias.
El tigrense sostiene un hermetismo casi absoluto con la prensa desde el balotaje de 2023, roto únicamente por discursos puntuales ante su militancia como el del 15 de marzo de 2025 en Parque Norte. Sin embargo, su actividad subterránea no se detuvo: tras la cumbre reservada del pasado 12 de agosto en el Hotel Emperador —donde compartió mesa con Kicillof, Máximo Kirchner, José Mayans y Gerardo Zamora—, Massa intensificó las negociaciones lista por lista en cada provincia y municipio, mientras su entorno evalúa una eventual reaparición pública en un plenario de juventudes previsto para el próximo 19 de septiembre.
La ingeniería massista se apoya en el desgaste de la convivencia peronista. Mientras conserva un canal abierto con Cristina Kirchner y mantiene intacta la sintonía legislativa que forjó con Máximo Kirchner durante su paso por la presidencia de la Cámara de Diputados, la relación con Kicillof transita un terreno de frialdad y reproches técnicos. En el entorno de Massa le achacan al gobernador haber cometido un error estratégico al fundar su propia estructura, el Movimiento Derecho Al Futuro, y no haber convocado a un acuerdo general del PJ tras el triunfo en los comicios legislativos bonaerenses de septiembre de 2025.
La clave de lectura que Massa transmite puertas adentro es estrictamente de correlación de fuerzas: sostiene que con Cristina Kirchner detenida e inhabilitada electoralmente, el kirchnerismo duro retiene hoy 'la parte más chica de la lapicera', un escenario inverso al de 2019 que obliga a repartir el poder de veto. Frente a ese repliegue, el tigrense acelera su armado territorial apuntalando a intendentes jóvenes del conurbano como Federico Achával (Pilar), Federico Otermín (Lomas de Zamora) y Juan Andreotti (San Fernando), al tiempo que posiciona al senador y caudillo santiagueño Gerardo Zamora como su principal referencia de gestión en el interior del país.
En las oficinas de Retiro proyectan que el deterioro económico del gobierno de Javier Milei abrirá un escenario de paridad electoral donde la oposición justicialista tendrá margen real para disputar el poder. La premisa que circula entre sus operadores es pragmática: cuando el peronismo detecte debilidad en el oficialismo buscará una referencia de peso, lo que forzará una definición entre dirimir liderazgos en una PASO contra Kicillof o sellar una lista de consenso donde el Frente Renovador reclame la conducción del esquema.
El mutismo mediático de Massa no responde a un retiro, sino a una deliberada estrategia de repliegue a la espera del momento exacto para capitalizar las debilidades ajenas. Entre la resistencia de los gobernadores a someterse a La Cámpora y el distanciamiento irreconciliable entre la expresidenta y su antiguo ministro de Economía, el tigrense apuesta a que el peronismo termine recurriendo nuevamente a su figura como el único puente capaz de evitar la dispersión definitiva.















