Funcionarios de la gestión de Jorge Macri mantuvieron reuniones clave con organizadores de la F1 y autoridades españolas. Con obras en el Autódromo Gálvez por u$s150 millones y un avance del 60%, la Ciudad busca replicar un modelo de negocios que movilizó u$s500 millones en Europa.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dio un paso clave en su estrategia para traer de regreso la Fórmula 1 al país al enviar una delegación oficial al Gran Premio de Madrid, evento que marcó el retorno de la categoría a la capital española tras 45 años. Encabezada por el secretario de Deportes, Fabián Turnes, el titular del Ente de Turismo, Valentín Díaz Gilligan, y el presidente de AUSA, Juan Pablo Fasanella, la comitiva mantuvo reuniones con miembros de la organización local y representantes de Liberty Media Corporation para analizar la logística, la infraestructura de pista y el impacto económico del evento en la gestión urbana.
En suelo español, los enviados de la gestión de Jorge Macri auditaron de cerca la puesta en marcha del nuevo circuito urbano y mantuvieron conversaciones con autoridades del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. El interés del Ejecutivo porteño no es puramente deportivo, sino fundamentalmente fiscal y turístico: según cifras difundidas por Díaz Gilligan, el GP madrileño generó un impacto económico de casi 500 millones de dólares, superando las marcas de plazas consolidadas como Miami (440 millones de dólares), con una ocupación hotelera y gastronómica prácticamente total. La agenda oficial incluyó además un monitoreo del desempeño del argentino Franco Colapinto, quien finalizó séptimo con su Alpine en una competencia disputada el domingo que tuvo como ganador al italiano Kimi Antonelli.
La avanzada en España responde a un plan integral con el que la Ciudad busca reinsertarse en el circuito internacional del deporte motor, del que se encuentra al margen desde 1998, cuando se disputó el último Gran Premio de Argentina en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez. Como antesala de la meta final, el Gobierno porteño ya garantizó el regreso del MotoGP para abril de 2027 tras 28 años de ausencia. Para afianzar el terreno institucional frente al ente regulador global, Macri le presentó semanas atrás al presidente de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), Mohammed Ben Sulayem, los avances de la puesta en valor del trazado porteño.
Detrás del impulso político y diplomático descansa el desembolso económico más elevado en la historia del coliseo porteño: una inversión pública de 150 millones de dólares destinada a llevar el trazado a la categoría Grado 1 de la FIA, el estándar técnico indispensable para recibir a los monoplazas de la F1. Las obras, bajo la órbita de la empresa estatal AUSA y con un avance reportado que supera el 60%, contemplan una pista remodelada de 4,87 kilómetros, 15 curvas y sectores donde los vehículos podrán alcanzar los 340 km/h, además de una infraestructura para albergar a más de 150.000 espectadores. El dato no es menor: el Gálvez es la única pista en el territorio nacional con la escala técnica potencial para aspirar a dicha homologación.
Tras el relevamiento en Madrid, la hoja de ruta de la Ciudad entra en una fase decisiva que combina el frente de obras con la negociación comercial de alto nivel. La prioridad inmediata de AUSA será sostener el ritmo de los trabajos para garantizar la entrega técnica del trazado antes del desembarco del MotoGP en 2027, cita que funcionará como prueba de fuego operativa ante la mirada de las federaciones internacionales. En paralelo, la administración porteña deberá profundizar las conversaciones con Liberty Media para intentar hacerse un lugar en un calendario global de la F1 cada vez más disputado por capitales financieras y estados árabes.
La jugada del Gobierno de la Ciudad muestra una clara decisión de usar el espejo madrileño para fundamentar una inversión de 150 millones de dólares en la reconversión del Autódromo Gálvez. Con los trabajos por encima del 60% de su ejecución y la confirmación del MotoGP para 2027, el éxito de la gestión dependerá de su capacidad para traducir la disponibilidad técnica e institucional en un contrato definitivo que reincorpore a Buenos Aires en la elite del automovilismo mundial.












