
La infracción de tránsito se convirtió en la sanción económica más costosa del sistema vial porteño, en un contexto de actualización tarifaria constante.
El exceso de velocidad pasó a ser la infracción más cara que puede recibir un conductor en la Ciudad de Buenos Aires. La fotomulta correspondiente a esa falta superó los cuatro millones de pesos, consolidándose como la sanción económica más elevada del sistema de control vial porteño.
La cifra surge de la actualización de los valores de las multas, que se ajustan periódicamente en función de la inflación y las modificaciones al Código de Tránsito. La Ciudad utiliza cámaras fijas y móviles para detectar infracciones de velocidad, y el sistema de fotomultas permite labrar la infracción sin intervención directa de un agente de tránsito.
El contexto es el de una Ciudad que viene reforzando sus herramientas de control automático del tránsito. En paralelo, el municipio de Resistencia —capital del Chaco— también anunció esta semana la incorporación de bodycams para inspectores, lo que muestra una tendencia nacional hacia la digitalización y el registro de las infracciones de tránsito.
Cuatro millones de pesos equivalen, al tipo de cambio oficial vigente, a una cifra que ya empieza a ser disuasoria para sectores medios. Ese es el dato que reencuadra la noticia: no se trata solo de una actualización técnica, sino de una multa que empieza a tener peso real en el bolsillo del infractor promedio, algo que no ocurría cuando la inflación licuaba las sanciones.
No hay información confirmada sobre una próxima modificación del esquema tarifario, pero el patrón histórico indica que los valores se actualizan con cierta regularidad. Si la inflación continúa su desaceleración, el valor real de la multa se mantendría más estable que en años anteriores, cuando la licuación era casi automática.
Lo que queda claro es que la fotomulta por velocidad dejó de ser un costo menor para quien decide ignorar los límites. Con más de cuatro millones de pesos en juego, el sistema de control automático porteño empieza a tener dientes.














