El presidente de Independiente Rivadavia explotó en los pasillos del Monumental, apuntó en redes sociales contra Federico Beligoy y sumó tensión institucional de cara a la definición de la Supercopa Argentina ante Estudiantes.
La derrota por 3-1 ante River Plate en el Estadio Monumental no solo golpeó deportivamente a Independiente Rivadavia de Mendoza, sino que desató un voraz incendio en el frente arbitral. Tras el encuentro, el presidente del club mendocino y empresario de medios, Daniel Vila, apuntó directamente contra el juez Nicolás Ramírez con durísimas acusaciones en la zona de vestuarios. "Es un bandido, no quiero que nos dirija más", disparó el dirigente, transformando un tropezón deportivo en un conflicto institucional de alto impacto para la Liga Profesional.
El trámite del partido mostró a un River imponiéndose por el peso de sus individualidades en el segundo encuentro bajo la conducción de Ponzio, frente a una Lepra que vendió cara la derrota. Lejos de recriminar la entrega de sus futbolistas, a quienes elogió por haber jugado "un partidazo", Vila concentró sus cañones contra el desempeño de Ramírez y denunció una supuesta inclinación del campo de juego. La furia del dirigente se trasladó de inmediato a las redes sociales: en su cuenta de X publicó un mensaje dirigido al árbitro y al Director Nacional de Arbitraje, Federico Beligoy, tratándolos de "bandidos", aunque minutos más tarde decidió borrar el posteo.
El cruce no representa un choque aislado, sino la escalada de un enfrentamiento que arrastra antecedentes explosivos. La relación entre el colegiado y el conjunto mendocino registra un antecedente crítico en noviembre del año pasado, cuando el director técnico Alfredo Berti resultó expulsado tras un contacto involuntario con un jugador de Argentinos Juniors y terminó increpando a Ramírez por hacerlo callar. La caída frente al conjunto de Núñez no solo reflotó aquel rencor, sino que además dejó en riesgo la posición de liderazgo del equipo cuyano en la Tabla Anual, la cual otorga un título de campeón del fútbol argentino.
Detrás del reclamo mediático de Vila subyace una alarma estratégica que preocupa a la dirigencia mendocina con miras al calendario inmediato: Nicolás Ramírez es el árbitro designado para dirigir la final de la Supercopa Argentina entre Independiente Rivadavia y Estudiantes el próximo 11 de noviembre. El dato que genera sospechas e inquietud en la Lepra radica en la efectividad perfecta del conjunto platense bajo la conducción de este juez, quien lo dirigió en tres definiciones de título —la Copa Argentina 2023 frente a Defensa y Justicia, la Copa de la Liga 2024 ante Platense y el Clausura 2025 frente a Racing— saliendo victorioso el Pincha en las tres oportunidades.
Las incendiarias declaraciones del titular del Grupo América abren ahora una disputa política en los pasillos de la Asociación del Fútbol Argentino para intentar modificar la jueza asignada antes del compromiso de noviembre. Si bien la AFA no suele ceder ante protestas mediáticas para alterar las designaciones oficiales salvo situaciones excepcionales, la presión pública ejercida por Vila coloca a la conducción arbitral en una posición incómoda y expuesta a posibles sanciones o citaciones por parte del Tribunal de Disciplina.
Con la gestión de Beligoy cuestionada públicamente y la tensión en aumento, el reclamo de Independiente Rivadavia excede lo ocurrido durante los noventa minutos en Núñez. Resta definir si la embestida de la dirigencia cuyana logrará apartar a Ramírez de la final de la Supercopa Argentina o si la designación se mantendrá firme a pesar del descontento. Lo cierto es que, a dos meses del choque decisivo frente a Estudiantes, el partido ya comenzó a disputarse en el terreno de la política deportiva.














