Los testimonios propuestos por Agustina Cosachov y Carlos Díaz buscan relativizar el informe pericial que acusa al equipo de salud por homicidio con dolo eventual, mientras se profundiza la grieta técnica sobre el estado real de Diego en sus últimos días.
La etapa de testigos de las defensas en el juicio por la muerte de Diego Armando Maradona ingresó en un tramo determinante con la declaración de tres especialistas en salud mental. Se trata de los psiquiatras Aníbal Areco y Damián Chebar, convocados por la representación legal de Agustina Cosachov, y de la perito Blanca Hugelman, citada por los abogados del psicólogo Carlos Díaz. El eje central de sus exposiciones apunta a discutir la solidez científica de la Junta Médica Interdisciplinaria, el cuerpo pericial cuyas conclusiones sostienen la hipótesis de la fiscalía y complican a los principales acusados en el expediente.
El cronograma fijó los testimonios de Areco —médico legista y actual integrante del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema— y de Chebar durante la mañana, mientras que Hugelman comparece por la tarde a propuesta de los defensores Diego Olmedo y Hernán Guaita. Ambos bloques de la defensa buscan respaldarse en el dictamen que en 2021 determinó que Maradona mantenía su plena capacidad y no presentaba un riesgo inminente para sí ni para terceros. Junto a Cosachov y Díaz, están imputados por presunto homicidio simple con dolo eventual el neurocirujano Leopoldo Luque, la coordinadora médica Nancy Forlini, el clínico Pedro Di Spagna, el jefe de enfermeros Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón, mientras que la enfermera Dahiana Madrid sigue apartada a la espera de un juicio por jurados frenado por la recusación de la jueza María Coelho.
El debate judicial reactiva una disputa de fondo que divide a peritos oficiales y de parte desde el fallecimiento del astro el 25 de noviembre de 2020 en Tigre, tras haber sido operado por un hematoma subdural. Semanas atrás, el cardiólogo Gustavo Di Niro, integrante de la junta pericial, aseguró que los médicos a cargo desoyeron señales evidentes de una falla cardíaca como edemas, taquicardia, problemas respiratorios y presión elevada durante los últimos quince días de internación domiciliaria. Esa postura choca de frente con la de otros especialistas que pasaron por la junta, como el médico Maya, quien planteó que el desenlace respondió a una muerte súbita imposible de prever sin antecedentes coronarios directos.
La estrategia de los imputados no apunta únicamente a deslindar culpas individuales, sino a desarticular la validez retrospectiva de toda la autopsia. El propio Leopoldo Luque expuso esa línea argumental en su indagatoria, al sostener ante los jueces que los peritos oficiales construyeron un cuadro clínico 'ex post' que no coincidía con los exámenes en vida: afirmó que los estudios cardiológicos y renales daban parámetros normales y que la cirrosis hepática no presentaba falla funcional sintomática. En la mirada de los defensores, la fiscalía intenta juzgar a los profesionales por un cuadro que la junta reconstruyó únicamente a partir del resultado del examen forense final.
Con las declaraciones de los psiquiatras y la posterior ronda de peritos propuestos por Luque y las restantes defensas, el tribunal deberá contrastar dos relatos técnicos completamente antagónicos. Si las defensas logran instalar dudas razonables sobre la previsibilidad del paro cardiorrespiratorio y la capacidad de Maradona para tomar decisiones sobre su tratamiento, debilitarían la figura del dolo eventual, que contempla penas de entre 8 y 25 años de prisión. Por el contrario, si prevalece el criterio de que existió abandono de señales clínicas elementales, el cerco sobre el equipo médico quedará definitivamente cerrado de cara a la sentencia.
El testimonio de Areco, Chebar y Hugelman no es un trámite formal más dentro de la causa: representa la ofensiva técnica más fuerte para derribar la acusación que responsabiliza a siete profesionales por la muerte del mayor ídolo deportivo argentino. En un proceso atravesado por tensiones periciales y dilaciones procesales, el foco se concentra ahora en determinar si el cuadro terminal de Maradona era un desenlace anunciado que fue deliberadamente ignorado o si, como insisten las defensas, se trató de un evento súbito que ningún control domiciliario podía anticipar.














