Tras el polémico Superclásico que terminó en victoria de Boca con arbitraje de Nicolás Ramírez y participación de Silvio Trucco en el VAR, el club de Núñez apuntó sin filtros contra la conducción de Claudio "Chiqui" Tapia y Federico Beligoy.
La tensión subterránea entre River Plate y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) saltó por los aires este domingo en La Bombonera, donde el Superclásico quedó marcado a fuego por fallos arbitrales escandalosos que dejaron al visitante con nueve jugadores. El caliente duelo no solo decantó en victoria para Boca, sino que transformó la cancha en el escenario de una declaración de guerra abierta y explícita por parte de la dirigencia, el cuerpo técnico y los referentes del plantel millonario contra la cúpula del fútbol nacional.
El punto de quiebre absoluto sobre el césped llegó apenas a los siete minutos del primer tiempo, cuando el árbitro Nicolás Ramírez expulsó a Lucas Martínez Quarta tras una supuesta ocasión manifiesta de gol sobre Miguel Merentiel revisada por Silvio Trucco desde el VAR en Ezeiza. El descontrol arbitral continuó en el complemento con la amonestación a Leandro Paredes pese a merecer la roja, y coronó con la insólita expulsión de Gonzalo Montiel por doble amarilla, dejando a River diezmado mientras el banco visitante protestaba airadamente por una vara dispar que también omitió un penalti por agarrón de Agustín Di Lollo a Nicolás Otamendi.
El clima en Núñez ya era de máxima alerta antes del pitazo inicial, bajo la premisa de que el arbitraje volvería a condicionarlos, un fantasma que se alimenta de antecedentes recientes como el clásico del año pasado donde Héctor Paletta omitió una falta previa al gol de Boca o el penal no sancionado a favor del Millonario en el Monumental. Con Federico Beligoy al frente de la Dirección Nacional de Arbitraje y señalado sistemáticamente por el club de Núñez, la estructura arbitral quedó nuevamente en el centro de la tormenta política por responder, según denuncian desde la institución riverplatense, a los intereses de la gestión de Claudio Tapia y sus aliados.
La profundidad institucional del conflicto quedó plasmada en las declaraciones de peso pesado tras el pitazo final. Leonardo Ponzio increpó duramente a Ramírez en los pasillos ("¿Ya cumpliste?") y sentenció en conferencia que "en la vida hay que tener valores". Pero el golpe más devastador lo dio el capitán Nicolás Otamendi, quien sin nombrar a Tapia disparó un diagnóstico demoledor que sacudió los cimientos de Viamonte: "Están arruinando el fútbol argentino. Que el próximo torneo designen quién es el campeón y directamente no competimos", desafió, secundado en redes sociales por figuras pesadas de la política riverplatense como Stefano Di Carlo, Rodolfo D’Onofrio, Jorge Brito, Ignacio Villarroel y Matías Patanian.
A partir de ahora, el enfrentamiento entra en una dimensión institucional impredecible, donde la ruptura entre River y la cúpula afista ya no se disimula puertas adentro sino que se convirtió en una política formal de confrontación pública. La gran incógnita radica en si el resto de los clubes tomarán postura frente a este dominio absoluto de Tapia y su brazo ejecutor arbitral, o si el fútbol argentino profundizará su crisis de credibilidad institucional con un arbitraje que actúa bajo sospecha permanente.
La pelota dejó de ser la protagonista absoluta de los domingos para quedar subordinada a un sistema de arbitrajes sospechados que deciden partidos y rompen la equidad deportiva. Con un River plantado en pie de guerra institucional y figuras de peso internacional como Otamendi exponiendo el manejo político de la AFA, el fútbol local transita su hora más oscura y los próximos capítulos de esta disputa prometen jaquear la estabilidad de la conducción de Viamonte.













