Lejos de las polémicas arbitrales, el equipo de Rodolfo Arruabarrena y Juan Román Riquelme reenfoca sus energías en un cierre de año histórico que incluye la Copa Sudamericana, el torneo local y la Copa Argentina.
Hay una inmensa expectativa a orillas del Riachuelo. Después de tres años de sequía institucional y deportiva, Boca atraviesa su momento más auspicioso en el semestre y se prepara para disputar cinco frentes competitivos en menos de dos meses, con la posibilidad concreta de coronar un cierre de año inolvidable que podría dejar hasta cinco estrellas nuevas en su escudo.
El calendario inmediato ofrece una seguidilla implacable que comenzó tras superar a River en el Superclásico. El próximo objetivo cercano es la Tabla Anual, donde el Xeneize depende exclusivamente de sí mismo: si gana su compromiso ante Defensa y Justicia en la Bombonera, podría dar la primera vuelta olímpica del ciclo sin depender de otros resultados. Paralelamente, el equipo mantiene abiertas las chances en los playoffs del Torneo Clausura, la final de la Copa Argentina contra Platense y la definición de la Copa Sudamericana.
La obsesión inicial del año había sido la Copa Libertadores, cupo que el club ya aseguró para la próxima temporada como premio colateral tras imponerse ante el clásico rival. Sin embargo, el fracaso continental quedó rápidamente archivado para dar paso al estímulo internacional de la Sudamericana, donde el próximo 21 de noviembre visitará a Atlético Mineiro en Barranquilla, equipo que es dirigido por Eduardo Domínguez, el yerno de Carlos Bianchi.
El dato que cambia la lectura del momento xeneize pasa por la profunda reestructuración futbolística que logró Rodolfo Arruabarrena en apenas cuatro meses al frente del plantel. Con un arco custodiado por un Álvaro Montero consolidado, una defensa que explota las proyecciones de Lautaro Blanco, y un mediocampo donde Leandro Paredes se erige como figura indiscutida junto a Santiago Ascacíbar y Milton Delgado, el cuerpo técnico logró aislar al plantel de las quejas arbitrales de River y mantener el foco en la competencia.
Las próximas etapas estarán marcadas por la logística de seguridad y el rigor del calendario. Este lunes por la noche se confirmará el día del cruce frente a Defensa y Justicia —que se jugaría el jueves debido a que el operativo policial del fin de semana estará abocado a la llegada del Papa León XIV—, mientras que el duelo ante Banfield por la Copa Argentina se disputará en Mendoza el sábado 14 de noviembre, en plena ventana de fecha FIFA.
Con el horizonte puesto en una seguidilla que incluye el hipotético duelo por el Trofeo de Campeones frente a Belgrano y una potencial final del Clausura el 12 de diciembre —coincidiendo con el Día del Hincha de Boca—, el club respira un clima de efervescencia controlada. El equipo sabe que el margen de error es nulo, pero confía en su jerarquía para traducir el envión anímico del Superclásico en un semestre de gloria.













