El capitán xeneize se resintió de su lesión muscular sobre el final del partido ante Vélez en Córdoba. Había regresado antes de lo aconsejable y ahora peligra su presencia frente a São Paulo por la Sudamericana.
La clasificación de Boca Juniors a los cuartos de final de la Copa Argentina dejó un sabor sumamente agridulce en la provincia de Córdoba. Detrás del festejo por penales ante Vélez Sarsfield en el Mario Alberto Kempes, la alarma se encendió con fuerza por la salida de Leandro Paredes, quien volvió a resentirse de su lesión muscular a pocos minutos del cierre del partido. La recaída del capitán expone el altísimo riesgo de haber acelerado los tiempos de su recuperación, una decisión que ahora pone en jaque su presencia en los compromisos más importantes del semestre.
Corría el minuto 42 del segundo tiempo cuando el cartel del cuarto árbitro anunció el sorpresivo ingreso de Carlos Palacios en reemplazo de Paredes. El volante central sintió un fuerte dolor en el isquiotibial de su pierna izquierda y pidió el cambio de inmediato, retirándose directo al banco de suplentes para recibir asistencia y colocarse hielo en la zona afectada. Hasta ese momento, el cinco xeneize venía siendo la figura de la cancha, manejando los hilos del mediocampo conducido por Rodolfo Arruabarrena y habilitando con pases quirúrgicos a Alan Velasco y Miguel Merentiel. Sin embargo, el dolor físico le impidió incluso formar parte de la tanda de penales.
El origen de este retroceso físico se remonta a semanas atrás, cuando Paredes sufrió un desgarro en esa misma zona que lo marginó de los partidos frente a Deportivo Recoleta y Racing. La urgencia del fixture y el propio deseo del jugador por estar presente empujaron un regreso prematuro que hoy se paga caro. Tras apenas trece días de rehabilitación, el mediocampista reapareció frente a Lanús por el Torneo Clausura, una apuesta sumamente arriesgada que el propio futbolista reconoció abiertamente en su momento tras la victoria en La Bombonera.
"Nos apuramos un poco, aceleramos los tiempos", había confesado el propio Paredes tras el triunfo ante el Granate, sumando una llamativa declaración que hoy resuena con fuerza en los pasillos de Casa Amarilla: "Jugué treinta minutos un poco cagado". Aquella sincera admisión del volante desnudó la tensión con la que convive un futbolista de su jerarquía cuando las urgencias deportivas superan las recomendaciones médicas. Lo que hace una semana pareció una travesura con final feliz, en Córdoba se transformó en una factura inevitable y costosa.
El panorama inmediato para el capitán xeneize dependerá de los resultados de los estudios clínicos a los que se someterá en las próximas horas. Descartado prácticamente por completo para el partido de este sábado ante Gimnasia de Mendoza por el torneo local, el verdadero objetivo de Arruabarrena y los médicos es recuperar a Paredes para el cruce de ida ante São Paulo, programado para el martes 11 de septiembre en La Bombonera por los cuartos de final de la Copa Sudamericana.
Esta nueva baja de Paredes reactiva un debate clásico pero siempre vigente en el fútbol de alta competencia: el límite entre el compromiso del referente y la negligencia física. Mientras Boca celebra el pase de ronda en la Copa Argentina, la certeza de que su máxima figura volvió a romperse por no respetar los plazos biológicos enciende las alarmas de cara a una llave copera internacional donde no habrá margen de error y donde la jerarquía del capitán se volverá indispensable.















