
El malestar dentro del Gobierno libertario se combina con un escenario judicial que empieza a generar presión sobre áreas clave del Estado.
El presidente Javier Milei protagonizó episodios de furia en la Quinta de Olivos que trascendieron al círculo íntimo del Gobierno y comenzaron a circular en la política porteña. Al mismo tiempo, el estratega Santiago Caputo enfrenta un cambio de escenario que lo complica dentro del esquema de poder libertario, en un momento en que la administración busca consolidar su segundo tramo de gestión.
Según la información disponible, el descontento en la franja de votantes menores de 30 años y el crecimiento de la morosidad en sectores económicos vulnerables están presionando la estrategia del equipo de gobierno. Esas dos variables —el desgaste en la base electoral joven y el deterioro en el consumo popular— estarían forzando un giro pragmático en el armado del Gabinete, alejándose de la pureza doctrinaria que caracterizó la etapa inicial.
El escenario se completa con una advertencia de la Justicia sobre la Aduana, organismo que en los últimos meses acumuló cuestionamientos por su gestión. No se precisan en la fuente los detalles del expediente ni los funcionarios involucrados, pero la señal judicial sobre un área sensible del comercio exterior agrega ruido institucional en un momento políticamente delicado para el oficialismo.
El dato que cambia la lectura es la combinación de factores: no es solo una pelea interna ni solo un problema judicial, sino la convergencia de conflictos que afectan distintas dimensiones del poder libertario al mismo tiempo. Peleas encendidas en el núcleo duro, presión desde afuera del Gobierno y una base social que empieza a mostrar grietas son síntomas que ningún oficialismo puede ignorar en forma simultánea.
Lo que puede pasar de aquí en más depende en parte de cómo el Gobierno procese los cambios en el Gabinete y si logra recuperar la adhesión del electorado joven antes de que el ciclo político se cierre sin posibilidad de corrección. Es un escenario posible, no confirmado, que el propio equipo presidencial parecería estar evaluando según los movimientos que describe la fuente.
Milei llegó al poder prometiendo una transformación sin concesiones. A más de un año y medio de gestión, las señales internas sugieren que la realidad está obligando a negociar con la propia rigidez del modelo. Si ese giro pragmático es una corrección táctica o el inicio de un cambio de fondo es la pregunta que, por ahora, solo el tiempo —y las próximas decisiones de Gabinete— podrá responder.















