Frente a ejecutivos de finanzas, el Presidente admitió que la inflación persiste, pero descartó aflojar el torniquete monetario. En un discurso cargado de duras embestidas a empresarios y opositores, prometió acelerar las reformas si logra mayoría en el Congreso.
Javier Milei volvió a dejar en claro que los tiempos electorales no alterarán el rumbo de su programa económico. Ante los principales ejecutivos de finanzas del país, el Presidente advirtió que no cederá ante los reclamos de flexibilización monetaria o fiscal, aun cuando admitió que la inflación no cede al ritmo esperado. Lejos de buscar un tono conciliador con el círculo rojo y la dirigencia opositora, ratificó que mantendrá la emisión cero y el superávit fiscal como banderas innegociables hasta derrotar el alza de precios, enviando un mensaje directo tanto al mercado financiero como a la arena política.
Durante su intervención en la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el mandatario argumentó que la base monetaria lleva doce meses congelada y que aflojar el torniquete implicaría un salto inflacionario inminente. Con una explicación fuera de los cánones protocolares, ligó su intransigencia técnica a su futuro personal: recordó que renunció a la jubilación de privilegio y argumentó que si altera su conducta por conveniencia electoral, el precio de sus conferencias en el sector privado caerá a cero tras dejar la Casa Rosada. "Entré por el bronce, mi contrato es de cuatro años con opción a ocho", afirmó para desactivar cualquier especulación sobre un alivio en el gasto público.
El planteo del jefe de Estado se da en un escenario de creciente tensión política. Con las elecciones de medio término en la mira y el horizonte de 2027 trazado, Milei proyectó que un eventual triunfo del oficialismo reconfigurará la correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados y el Senado. Según el esquema planteado ante los financieros, la obtención de quórum propio transformará la velocidad del ajuste y las desregulaciones, prometiendo "acelerar a fondo" con reformas estructurales que hoy tropiezan con las mayorías opositoras.
El tramo más picante del mensaje apuntó hacia adentro del empresariado y la oposición. Milei arremetió de forma directa contra Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE, a quien tildó de "estafador" y "prebendario" por el costo local de los neumáticos. A su vez, salió al cruce de las críticas que señalan un sesgo keynesiano por el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES para créditos hipotecarios y la licitación de obras viales. Para blindar su relato, el Presidente minimizó los indicadores de desempleo y mora crediticia —asegurando que se crearon 500.000 puestos— y tildó de "imbéciles" a economistas como Emanuel Álvarez Agis y al senador Martín Lousteau.
El horizonte que plantea el Poder Ejecutivo anticipa un endurecimiento en la confrontación con los sectores industriales protegidos y las vertientes del kirchnerismo. Sin margen para concesiones en el plano monetario, las empresas deberán adaptarse a un esquema de mayor apertura e importaciones, mientras que el sistema financiero monitoreará la efectividad del congelamiento de agregados para contener las expectativas. La viabilidad de esta intransigencia dependerá de la capacidad de mantener el sostén social en medio de una economía real que sigue sintiendo la rigidez fiscal.
Como cierre de una jornada de fuertes definiciones, el jefe de Estado buscó hilar su cruzada ortodoxa con la agenda internacional, evocando escritos libertarios del economista Murray Rothbard sobre las Islas Malvinas para revalidar el endurecimiento de sanciones a petroleras británicas anunciado horas antes. Con una intervención que combinó la teoría económica pura con el choque político explícito, Milei dejó en claro que su estrategia no contempla atajos: la ortodoxia ideológica será su única hoja de ruta, asumiendo de lleno los costos políticos que surjan en el camino.















