El jefe de Gobierno porteño se reunió con el nuevo nuncio apostólico para coordinar la seguridad, la logística y la agenda del Pontífice, que llegará al país en noviembre tras casi cuatro décadas de ausencia papal.
La Ciudad de Buenos Aires comenzó a delinear el operativo político y logístico para lo que será el acontecimiento institucional y religioso más relevante del año: la visita del papa León XIV a la Argentina, programada del 8 al 11 de noviembre. En ese marco, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, mantuvo este viernes su primera audiencia formal con el flamante nuncio apostólico, monseñor Michael Wallace Banach, con el objetivo de coordinar los detalles de una estadía que pondrá fin a casi 40 años sin la presencia de un Sumo Pontífice en suelo argentino.
El encuentro se desarrolló en la sede de la Nunciatura Apostólica y formó parte de la segunda misión de avanzada técnica y diplomática que la Santa Sede desplegó en el país. Durante la reunión, Macri y Banach repasaron los esquemas de seguridad, los traslados y el cronograma de actividades que cumplirá León XIV en territorio porteño. El mandatario comunal estuvo acompañado por el secretario General y de Relaciones Internacionales, Fulvio Pompeo, y la directora general de Cultos, Pilar Bosca, en una comitiva que buscó exhibir la plena disposición del Ejecutivo local.
La llegada del Santo Padre romperá un extenso paréntesis temporal, ya que el último pontífice en pisar la capital argentina fue Juan Pablo II en 1987. La gestión porteña busca capitalizar la magnitud del evento tanto hacia adentro como hacia afuera: además del operativo de despliegue urbano, Macri confirmó su intención de mantener una audiencia a solas con León XIV durante su estadía para hacerle entrega formal de la Llave de la Ciudad, un gesto reservado para visitas de máximo rango de Estado.
La coordinación diplomática cobra especial relevancia por el perfil del interlocutor vaticano. Banach, un arzobispo estadounidense de 62 años con doctorado en Derecho Canónico y una extensa trayectoria diplomática en organismos de la ONU, Oceanía, África y Hungría, asumió formalmente en Buenos Aires el pasado 6 de agosto tras haber sido designado en mayo por el propio León XIV. Su llegada cubrió una vacancia que se extendía desde enero, cuando su antecesor, Miroslaw Adamczyk, fue trasladado a Albania, destrabando así el canal directo de negociación con la curia romana para la gira papal.
En los próximos días, el despliegue del Vaticano en Buenos Aires sumará otra figura clave de su estructura de poder. El 11 de septiembre desembarcará en el país el cardenal George Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y un hombre de peso que durante años tuvo a su cargo la organización de los viajes papales, quien brindará una disertación académica en el Auditorio San Agustín de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Con el cronograma de noviembre cada vez más cerca, la administración porteña y los enviados de la Santa Sede deberán acelerar los acuerdos sobre el recorrido final y los actos masivos del Pontífice. La dimensión del dispositivo de seguridad y la articulación entre las distintas esferas del Estado marcarán el ritmo de una visita papal que reconfigurará la agenda pública y política nacional en el cierre del año.















